El puerto es una película extraña, difícilmente encasillable como “melodrama” aunque tiene muchos de sus condimentos, incluidos el tema, los frecuentes primeros planos y la música como subrayado de las situaciones dramáticas. Pero su director, el finlandés Aki Kaurismäki, esquiva con talento los lugares comunes sin soslayarlos, más bien acentuándolos con un toque personal que hace que el film destile tristeza y racionalidad a la vez. Si tuviera que definirlo sólo con tres palabras diría que estéticamente es un film azul, clásico y “cuadrado”. Azul (blue) porque casi todos los interiores están pintados con este tono: las paredes de la casa, las del fondo del bar, las del hospital; finalmente, el color acaba por “filtrarse” a la historia, le “presta” su tonalidad. Clásico por el modo de narrar la historia, sin saltos bruscos, sin pasajes ni elipsis incomprensibles, con un montaje totalmente a su servicio. Por último, con “cuadrado” quiero hacer referencia al encuadre geométrico que hace que los personajes estén siempre en el centro (otra característica del cine clásico), muchas veces sobreenmarcados por puertas u otras aberturas. Todos estos elementos le dan al film una marca estilística muy fuerte.
El tema abordado por Kaurismäki es de alta preocupación en Europa: la inmigración, en este caso la proveniente de África que, por estar tan cercana, se convierte en el lugar de salida de infinidad de personas que emprenden la aventura de cruzar el mar (el mare nostrum de la antigüedad) en busca de un futuro mejor. Así llega a Le Havre –por casualidad y en un contenedor-, junto con muchos otros, un niño que en realidad esperaba encontrarse en Londres con su madre. La secuencia en la que se muestra el arribo y apertura del container es de una gran crudeza y, a la vez, de gran maestría cinematográfica.
El coprotagonista de esta historia es Marcel Marx (André Wilms) -el mismo de La vie de bohème (el personaje y el actor), film de Kaurismäki de 1992- ahora ya mayor y convertido en lustrabotas. Vive en un barrio pobre, típico de las ciudades portuarias.
Esta característica está muy presente en el relato que hace reiteradamente hincapié en el puerto como una ciudad de llegada y de partida, ciudad a la que muchas veces se arriba viniendo desde lejos, trayendo consigo cierta nostalgia por el país propio. Así llegó antes la esposa de Marcel, que también es inmigrante. Internada en el hospital a causa de un cáncer, mira por la ventana el mar con esa nostalgia que atraviesa todo el film. Nostalgia también por los tiempos idos, los de la dueña del bar, los del rockero, los de la juventud en general. Aún así se trata de una película con humor, con personajes queribles (a veces rozando la parodia), capaces de mostrarse solidarios en las situaciones difíciles. Una película que denuncia las injusticias del sistema a la vez que apela a lo mejor que tenemos. Sin una mirada condescendiente, con toda la seriedad que requiere el caso, pero sin un regodeo en la tragedia, Kaurimaki nos muestra eso que llama a la puerta de casa y no queremos atender.
FICHA TÉCNICA
El puerto (Le havre, Francia-Finlandia, 2011)
Guión y dirección: Aki Kaurismäki
Fotografía: Timo Salminen
Edición: Timo Linnasaio
Duración: 93 minutos
Elenco: Andre Wilms, Kati Outinen, Blondin Miguel, Jean-Pierre Darroussin, Elina Sato, Jean-Pierre Léaud, Pierre Étaix y Little Bob.
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