CINE: EL PUERTO

El puerto es una película extraña, difícilmente encasillable como “melodrama” aunque tiene muchos de sus condimentos, incluidos el tema, los frecuentes primeros planos y la música como subrayado de las situaciones dramáticas. Pero su director, el finlandés Aki Kaurismäki, esquiva con talento los lugares comunes sin soslayarlos, más bien acentuándolos con un toque personal que hace que el film destile tristeza y racionalidad a la vez.  Si tuviera que definirlo sólo con tres palabras diría que estéticamente es un film azul, clásico y “cuadrado”. Azul (blue) porque casi todos los interiores están pintados con este tono: las paredes de la casa, las del fondo del bar, las del hospital; finalmente, el color acaba por “filtrarse” a la historia, le “presta” su tonalidad. Clásico por el modo de narrar la historia, sin saltos bruscos, sin pasajes ni elipsis incomprensibles, con un montaje totalmente a su servicio. Por último, con “cuadrado” quiero hacer referencia al encuadre geométrico que hace que los personajes estén siempre en el centro (otra característica del cine clásico), muchas veces sobreenmarcados por puertas u otras aberturas. Todos estos elementos le dan al film una marca estilística muy fuerte.

El tema abordado por Kaurismäki es de alta preocupación en Europa: la inmigración, en este caso la proveniente de África que, por estar tan cercana, se convierte en el lugar de salida de infinidad de personas que emprenden la aventura de cruzar el mar (el mare nostrum de la antigüedad) en busca de un futuro mejor. Así llega a Le Havre  –por casualidad y en un contenedor-, junto con muchos otros, un niño que en realidad esperaba encontrarse en Londres con su madre. La secuencia en la que se muestra el arribo y apertura del container es de una gran crudeza y, a la vez, de gran maestría cinematográfica.

El coprotagonista de esta historia es Marcel Marx (André Wilms) -el mismo de La vie de bohème (el personaje y el actor), film de Kaurismäki de 1992- ahora ya mayor y convertido en lustrabotas. Vive en un barrio pobre, típico de las ciudades portuarias. Esta característica está muy presente en el relato que hace reiteradamente hincapié en el puerto como una ciudad de llegada y de partida, ciudad a la que muchas veces se arriba viniendo desde lejos, trayendo consigo cierta nostalgia por el país propio. Así llegó antes la esposa de Marcel, que también es inmigrante. Internada en el hospital a causa de un cáncer, mira por la ventana el mar con esa nostalgia que atraviesa todo el film. Nostalgia también por los tiempos idos, los de la dueña del bar, los del rockero, los de la juventud en general. Aún así se trata de una película con humor, con personajes queribles (a veces rozando la parodia), capaces de mostrarse solidarios en las situaciones difíciles. Una película que denuncia las injusticias del sistema a la vez que apela a lo mejor que tenemos. Sin una mirada condescendiente, con toda la seriedad que requiere el caso, pero sin un regodeo en la tragedia, Kaurimaki nos muestra eso que llama a la puerta de casa y no queremos atender.

 FICHA TÉCNICA

El puerto (Le havre, Francia-Finlandia, 2011)

 Guión y dirección: Aki Kaurismäki

Fotografía: Timo Salminen

Edición: Timo Linnasaio

Duración: 93 minutos

Elenco:  Andre Wilms, Kati Outinen, Blondin Miguel, Jean-Pierre Darroussin, Elina Sato, Jean-Pierre Léaud, Pierre Étaix y Little Bob.

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CINE: El EXÓTICO HOTEL MARIGOLD

DESPUES DE TODO…

Un elenco de reconocidas figuras británicas protagoniza esta comedia dramática coral que entrelaza distintas historias en un Hotel en la India.  La anécdota de base no es demasiado novedosa: un grupo de personas en el ocaso de su vida decide iniciar un viaje con la esperanza de recuperar la felicidad perdida. En este caso, se trata de elegir un lugar de retiro lo suficientemente barato como para poder afrontarlo aún con problemas económicos, lo suficientemente lejano como para permitir dejar atrás algunos fracasos. Vaya a saber por qué, el sitio elegido es Jaipur en India, quizás porque si de exotismo se trata nada mejor que la antigua Colonia para no sentirse a tan merced de las circunstancias –de hecho los personajes terminan explicándole a los lugareños cómo deben hacerse las cosas, desde el té hasta dirigir el Hotel-.

Siete son los personajes elegidos para seguir sus vicisitudes en tierras extrañas: una viuda que prefiere encarar la nueva etapa lejos de sus hijos y nietos para probar por primera vez desenvolverse sola (Judi Dench), un juez recientemente jubilado que viaja para reencontrarse con su pasado (Tom Wilkinson), un matrimonio desavenido que espera el reembolso de un dinero prestado a su hija (Bill Nighy y Penelope Wilton), una agria mujer, resueltamente xenófoba, que necesita realizarse una operación de cadera que en Gran Bretaña demoraría en conseguir (Maggie Smith) y dos seductores “quemando sus últimos cartuchos” (Ronald Pickup y Celia Imrie).

El relato es desparejo y de un humor decididamente británico que no siempre provoca en el espectador local el efecto buscado. Hay, sin embargo, buenas situaciones y algunas líneas memorables. Por detrás de la historia, la India aparece en toda su complejidad, con  sus paisajes, sus colores (y, aparentemente, olores) y sus costumbres. El final es, quizás, lo más convencional de una trama que logra convocar un grupo de personajes variado sin caer en burdos estereotipos.

Un film sobre segundas oportunidades que echa una mirada optimista sobre la vida a una edad en la que parece difícil cualquier cambio de rumbo.

FICHA TÉCNICA

El exótico hotel Marigold (The Best Exotic Marigold Hotel, Gran Bretaña, 2012)

Dirección: John Madden

Guión: Ol Parker, basado en la novela These foolish things de Deborah Moggach

Producción: Graham Broadbent y Peter Czernin

Fotografía: Ben Davis

Montaje: Chris Gill

Música: Thomas Newman

Duración: 124 minutos

Elenco: Maggie Smith, Bill Nighy, Judi Dench, Tom Wilkinson, Dev Patel, Penelope Wilton, Celia Imrie, Ronald Pickup, Liza Tarbuck, Tena Desae, Lillete Dubey, Russell Balogh

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CINE: ELEFANTE BLANCO

MUCHAS  PREGUNTAS, UNAS POCAS RESPUESTAS

Este nuevo film de Pablo Trapero (Mundo grúa, 1999; El Bonaerense, 2002) se inscribe en la misma línea realista de temática social transitada ya con mucho éxito en Leonera (2008) y Carancho (2010), films que, además, comparten con Elefante Blanco el mismo equipo de guionistas (Alejandro Fadel, Martín Mauregui, Santiago Mitre y Pablo Trapero). En las tres  el retrato de submundos marginales (la cárcel, la corrupción hospitalaria, las villas) es el resultado ficcionalizado de un importante trabajo de investigación de campo y se nota. Las películas de Trapero destilan una “verdad” que tiene que ver, sobre todo, con la construcción de un verosímil sostenible a lo largo de todo el relato, lo que no es una cuestión menor ya que, a mi entender, el registro realista es uno de los más riesgosos en ese aspecto: basta una situación fuera de lugar, un subrayado de más, alguna artificialidad notoria en las locaciones o las actuaciones, y se derrumba.

En el caso de Elefante Blanco la historia se centra en dos curas villeros: uno que vive allí desde hace tiempo –la construcción a la que hace referencia el título existe y está ubicada en Villa Lugano-; el otro, un cura belga que acaba de llegar después de ser rescatado de un pueblecito del Amazona aniquilado por una razzia miliar. Esta mirada “nueva” del recién llegado le permitirá al director adentrarse en un mundo desconocido -la villa- sin prejuicios, y le proporcionará una excusa para ir presentando a los diversos protagonistas y sus conflictos. El entorno aparece en toda su complejidad física y social –en el realismo el espacio tiene mucho peso referencial y aquí esta característica está explotada al máximo; nada hay de estetización en lo que se muestra, ni en los lugares ni en su gente, ni en la violencia contenida o desatada-. Si bien el trabajo autoral es notorio y revela al realizador en toda la madurez de su arte, éste no está al servicio de ninguna estilización de la realidad, sino todo lo contrario. Los prolongados planos secuencia –resultado, sin dudas, de una planificación elaborada- dan cuenta, precisamente, de esta voluntad de registro “crudo”. El mismo efecto tiene el uso de la steady cam para acompañar a los personajes mientras recorren los intrincados pasadizos. La cámara de Trapero es muy móvil, como la realidad que intenta “retratar”: en algunos momentos se involucra en los acontecimientos; en otros, toma distancia, se posiciona  en los márgenes y observa. En este sentido, hay que destacar que los protagonistas de esta historia –los dos curas, pero también la asistente social y el hombre que los ayuda- no pertenecen originalmente al medio, sino que se han incorporado por voluntad propia –algo así como ser pobre por elección, según palabras de Luciana, la trabajadora social- y se van involucrando cada vez más con lo que sucede en la villa a medida que los acontecimientos se muestran como menos “manejables” desde la imparcialidad de la religión o la mera asistencia. Son personajes que cambian, que se cuestionan su tarea y sus convicciones, que están dispuestos –ellos también- a cruzar los límites.

El film se adentra en cuestiones como la violencia cotidiana, la droga, la miseria y la falta de horizontes. Una imposibilidad de progreso que no siempre tiene su justificación en conductas de la gente de “adentro” de la villa, sino en la gravitación de un “afuera” que prefiere no hacerse cargo o de una corrupción que no le hace asco a nada.

Hay en ciertos detalles de la historia y en la recurrencia de su nombre, una referencia deliberada al Padre Mujica como paradigma del cura villero –de hecho, su tumba en la Villa 31 y el tema de su posible beatificación aparecen reiteradamente en el film-.

Un relato potente, de gran calidad formal, que se atreve a poner en foco la vida en las villas sin condescendencias y en toda su complejidad.

FICHA TÉCNICA

Elefante Blanco (Argentina, España y Francia, 2012)

Dirección: Pablo Trapero.

Guión: Alejandro Fadel, Martín Mauregui, Santiago Mitre y Pablo Trapero.

Fotografía: Guillermo Nieto.

Edición: Nacho Ruiz Capillas, Andrés Pepe Estrada y Pablo Trapero

Dirección de arte: Fernando Brum

Sonido: Carlos Lidon y Federico Esquerro

Música: Michael Nyman.

Duración: 1o6  minutos

Elenco: Ricardo Darín, Jeremie Renier, Martina Gusman, Federico Benjamin Barga, Mauricio Minetti y Walter Jakob

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CINE: LOS PADRINOS DE LA BODA

CUANDO LA FIESTA FRACASA

(AL IGUAL QUE LA PELÍCULA EN HACER REIR)

Una fiesta de bodas, una novia aristocrática, un novio con amigos impresentables. La combinación no es nueva pero aún así podría haber dado como resultado una deliciosa comedia romántica o una divertidísima película de enredos, llena de situaciones disparatadas que llevan a la carcajada. Pero no, no es el caso. Los padrinos de la boda logra apenas una tibia sonrisa en una o dos ocasiones, pero no mucho más. Y no hablo solamente por mí, que disfruto más –lamentablemente- del humor negro, ácido pero inteligente, que de aquel abiertamente escatológico; lo digo por los espectadores en general, aquellos que en la tarde de ayer acudieron al cine a divertirse e hicieron todo lo posible para que así fuera (no se les puede reprochar la falta de predisposición).

Los padrinos de la boda fracasa en todos los frentes: en aquellos pasajes supuestamente sentimentales que siempre acompañan a este tipo de películas humorísticas; en las situaciones que podrían tener una lectura más bien paródica y, por lo tanto, de crítica social; pero sobre todo fracasa en la apelación a un humor grosero demasiado básico, y, por ende, gastado. Le falta frescura para ser el disloque de una estudiantina, le falta profundidad para convertirse en crítica de cierta hipocresía burguesa, le falta creatividad a la hora de construir situaciones absurdas (quizás la excepción sea esa bola vegetal inmensa, producto de la decoración del jardín para la boda, que avanza llevándose todo por delante, visualmente muy potente).

Por todas estas razones, es muy difícil relacionar esta película con la muy efectiva Muerte en un funeral (Frank Oz, 2007) a la cual la emparenta la publicidad. Si bien es cierto que Dean Craig es el responsable de ambos guiones y el equipo de producción se repite, incluso que ambos relatos coinciden en deconstruir ceremonias que pueden considerarse centrales en nuestra cultura, el tipo humor en ambos films es muy diverso.

En definitiva, una película olvidable.


FICHA TÉCNICA

Los padrinos de la boda (A few best men, EEUU, 2011)

Dirección: Stephan Elliott

Guión: Dean Craig

Fotografía: Stephen F. Windon

Música: Guy Gross

Duración: 97 minutos

Elenco: Xavier Samuel, Kris Marshall, Kevin Bishop, Tim Draxl, Laura Brent y Olivia Newton-John

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TEATRO: CRIMEN EN LA MUNICH, de Marisé Monteiro y Pablo Sodor

La antigua Cervecería Munich es un lugar con mucha historia. Ubicada en Costanera Sur fue, durante la primera mitad del siglo XX, lugar de reunión para aquellos que elegían la zona del Balneario para su esparcimiento, sobre todo en verano. Construida en 1927 en estilo art decó se transformó rápidamente -pese a su cercanía con el circuito popular- en un sitio frecuentado por las personalidades más notables del momento. Hipólito Yrigoyen, Alfonsina Storni y Belisario Roldán fueron algunas de ellas. Posteriormente, y a medida que se formaban otros polos de atracción, la confitería inició un lento proceso de decadencia que concluyó con su cierre a principios del ’70.  El edificio, entonces, permaneció abandonado por mucho tiempo. Recuperado, pasó a albergar primero al Museo de Telecomunicaciones hasta que en 2002 -ya como patrimonio de la Ciudad- se convirtió en sede de la Dirección General de Museos. Hoy, restaurado, abre sus puertas al público para visitas guiadas, prestándose, además, como privilegiado escenario de una obra teatral que intenta recuperar el clima de época para una historia policial.

A primera vista, pues, Crimen en la Munich no puede contar con mejor  marco para un episodio localizado en el Carnaval de 1935 que desafía al espectador a descubrir quién es el autor de una muerte misteriosa.  Sin embargo, más allá de la diversión que el público viene a buscar y que sin lugar a dudas encuentra –yo diría, a juzgar por la rapidez con que el clima se enciende, que ya la traía consigo, al menos como intención-, la pieza desaprovecha los múltiples recursos puestos a su disposición “naturalmente”, por decirlo así. En primer lugar, en cuanto al espacio. Si bien el cupo de asistentes es limitado –sólo cien personas-, la disposición del escenario en un extremo y la adopción de una escena fija –salvo por dos o tres incursiones de algún actor fuera del escueto ámbito y las inevitables entradas y salidas- dificultan la visión para aquellos que se encuentran apenas más alejados, hecho éste agravado por la utilización generalizada de los laterales para algunas de las escenas más relevantes. En este sentido, es un acierto que el paso del público desde la reja hasta el interior de la confitería sea conducido por un personaje de ficción: el “animador francés” que luego tendrá su lugar en la trama. Éste con gran simpatía –aunque no siempre en personaje- va imponiendo un poco de orden a la vez que da algunas pautas de cómo se desarrollará el espectáculo.

Una vez que todos están ubicados en sus mesas y cuando ya la orquesta toca los primeros acordes, los mozos se encargarán de que a ningún asistente le falte su cerveza y dará comienzo la función. Las primeras piezas de jazz y la arenga de los músicos dan paso en seguida a la ebullición de los espectadores que abandonan rápidamente sus lugares y copan la pista de baile. No pasa mucho tiempo antes que la algarabía urja a formar un trencito y se alcance un clima casi de cantina –pero sin comida-.

Luego se desarrolla propiamente la comedia policial, con sus enredos y la ocasional participación del público. Los trajes de época logran subrayar el clima que la obra pretende para la resolución de su misterio, pero el texto desaprovecha cualquier relación productiva con los personajes que evoca o el momento histórico al que hace referencia, más allá de alguna acotación casi de manual. Una omisión que hace más notoria el lugar elegido para su desarrollo –la verdadera Cervecería Munich- y el marco dentro del cual se produce –la Dirección de Museos-.

El espectáculo queda, de este modo, reducido a una anécdota divertida, no exenta de cierta superficialidad, y un momento propicio para el baile.

 FICHA TÉCNICA

Autoría: Marisé Monteiro y Pablo Sodor

Puesta en escena: Pablo Sodor

Dirección General: Pablo Sodor

Vestuario: Paula Verderosa

Diseño de luces: Pablo Curto

Asistencia de Dirección: Illay Martínez

Coreografía: Javier Zárate

Elenco: Ana Águila, David Arias, Mariano Aristegui, Carolina Ayub, Horacio Badaracco,  Alejandro de Gasperi, Carlos Ledrag, Eli Niglia y Gastón Urbano.

Orquesta: Horacio Badaracco como el cantante de Jazz, Fernando Seitz, Claudio Vidal, Ezequiel Delgado y Mariano Migliora.


TEATRO: LISBOA, EL VIAJE ETÍLICO de Mariela Asensio

CUANDO LA PENA SE AHOGA EN ALCOHOL

Un viaje que logra captar el pulso de una ciudad a través de su música –el fado- y un puñado de personajes con historias pequeñas, anónimas, que deambulan por su paisaje marcados por el fracaso y la desdicha. Apenas sesenta minutos le bastan a su autora, la dramaturga y directora Mariela Asensio, para recrear con pocos elementos la nostálgica atmósfera de la capital y conmover con las crudas vivencias de unos turistas “sin suerte, ni fortuna ni amor. Un grupo de perdedores sumergidos en el alcohol, la noche, la pérdida, la violencia y la decadencia.”

Conducidos por la potente presencia de una guía/cantante/ narradora (Dolores Ocampo, integrante durante largo tiempo del elenco del Complejo Teatral San Martín) nos adentramos en un mundo que poco a poco se nos hace más íntimo. La clave son algunos datos, unas pocas cifras y, por supuesto, las canciones. En esta segunda temporada el rol de la extranjera que nos deleita con su voz está a cargo de Maida Andrenacci, una muy joven actriz que cuenta, sin embargo, con una carrera que incluye cine, teatro y televisión. Su cuerpo, la fragilidad de su voz y la dulzura de su italiano –que le da el matiz cosmopolita a la estampa de la ciudad portuaria- aportan una cuota de ternura entre tanta desolación. Luego desfilarán un turista inmovilizado por el miedo pero invariablemente sonriente en la instantánea felicidad de una fotografía (Facundo Cardosi), una mujer sometida y su victimario ( la pareja conformada por Marina Loveci y Víctor Labra, dúo medular para el relato) y una fanática del reggaeton (la increíblemente dúctil Raqauel Ameri), todos enmarcados por la tristísima música que va desgranando Lautaro Matute con su guitarra. Sus historias, contadas a modo de confesión, nos van envolviendo en un clima en el que se mezclan la fatalidad y el alcohol.

Con pequeñas pinceladas de humor y una gran cuota de dramatismo, Asensio crea una inolvidable noche de borrachera para dejarse llevar por el dolor de los personajes y el talento de los hacedores del espectáculo.

 FICHA TÉCNICA

Dramaturgia y dirección: Mariela Asensio

Diseño y realización de escenografía: Nicolás Botte

Diseño de vestuario: Vessna Bebek

Diseño de luces: Ricardo Sica

Operación técnica: Leonardo Giardina

Realización de pistas: Hernán Crespo

Fotografía: Juan Borraspardo

Prensa: Débora Lachter

Asistencia de dirección: Anahí Ribeiro

Elenco: Dolores Ocampo, Lautaro Matute, Maida Andrenacci, RAquel Ameri, Marina Lovece, Víctor Labra y Facundo Cardosi

  SOBRE MARIELA ASENSIO

Es actriz, dramaturga y directora. Estudió en la Escuela Nacional de Arte Dramático, además de completar y enriquecer su formación en el ámbito privado. En Buenos Aires estudió dramaturgia con Mauricio Kartun y Marcelo Bertuccio. Becada por la Fundación Carolina, realizó el Curso para Profesionales de Dramaturgia y Dirección de Teatro en la Casa de América de Madrid y en el Teatro Lliure de Barcelona. Obtuvo, también, la Beca de Ayuda para Artistas de la Secretaría de Cultura de la Nación y el Premio S 2006 a la Creación. Entre sus espectáculos se destacan Hotel melancólico, Mujeres en el baño, Crudo, Lisboa el viaje etílico y Mujeres en el aire.
Además de trabajar en su país, dirigió espectáculos en España, Francia, México y Panamá, siendo nominada en diferentes oportunidades a los premios ACE, Trinidad Guevara, Florencio Sanchez, entre otros, por su labor como directora y dramaturga.

CINE: ESSENTIAL KILLING

CUANDO SOBREVIVIR ES ESENCIAL

La guerra -cualquier guerra, en el amplio sentido de la palabra-, la toma de prisioneros y su posterior traslado a lugares claves destinados a la tortura han sido temas recurrentes tanto en las noticias como en numerosos films que han dado cuenta del destino de estos seres privados de todo. Fruto de una mirada que pretende registrar más que entender -quizás porque no es posible entender – su existencia ha quedado fijada en imágenes que los muestran en manos de sus captores. Guatánamo es un ejemplo, pero hay muchos otros lugares desparramados en ignotos puntos estratégicos. No es inusual ver sus fotos en los periódicos o en Internet con el clásico traje naranja y grilletes, cuando no desnudos y en situación de tortura.

Fueron estos datos, sumados a la fortuita presencia dela C.I.A. en una gran operación prácticamente a la vuelta de su casa, los que sugirieron al director polaco Jerzy Skolimowski -poco conocido en nuestro país- este proyecto que ficcionaliza  el itinerario de un hombre a partir de que un atentado lo coloca en manos del enemigo.

Essential killing intenta recuperar esa mirada primera, llena de asombro frente a acontecimientos y lugares inéditos. Con una intención casi quirúrgica, el realizador va construyendo un relato minucioso que registra cada paso del prisionero, al tiempo que le devuelve su humanidad al focalizar en un hombre concreto, con su pasado y sus motivos (que desconocemos); un hombre enfrentado a condiciones en las que todo lo cotidiano desaparece, todo lo aprendido pierde valor. ¿Incluso la religión?

El film comienza con un ataque a tres soldados norteamericanos en territorio afgano perpetrado por un talibán. Poco sabemos de él o de la misión que los soldados llevaban a cabo en ese preciso momento. La narración prescinde de este tipo de detalles y se concentra meticulosamente en otros. El hombre es capturado y conducido a un centro de detención en algún lugar de Europa. Nieva cuando azarosamente queda en libertad al sufrir un accidente el vehículo que lo transportaba. A partir de allí, el film seguirá esa otra lucha desatada: la de un hombre legamente inexistente con los militares que intentan recapturarlo. Una lucha que se desarrolla en condiciones extremas en un territorio totalmente desconocido para el fugitivo.

Con imágenes de gran belleza pero también enorme crudeza, Skolimowski desarrolla una narración focalizada absolutamente en este hombre que no pronuncia una palabra durante todo el relato. Con gran cantidad de tomas subjetivas y una brillante utilización de la banda sonora, el realizador polaco logra que nos involucremos en esa travesía a ninguna parte.

No quería que la política se extendiera más allá de esta lucha inmediata entre la vida y la muerte”, declaró el director a quien lo atrajo especialmente la posibilidad de que el espectador se identifique con “el ‘alien’, el extranjero, el enemigo colectivo y la víctima final de las circunstancias”. Una parte del mérito de que así suceda se debe sin duda al magistral trabajo actoral de su protagonista, Vincent Gallo.

El film ha merecido numerosos premios entre los que se cuentan el Astor de Oro y el de Mejor Actor en el  25º Festival de Mar del Plata (2010) y la distinción en tres rubros en el Festival de Venecia del mismo año: Premio especial del Jurado, Mejor Director y Mejor Actor.

 

 

FICHA TÉCNICA

Dirección: Jerzy Skolimowski, sobre la biografía escrita en colaboración con Ewa Piaskowska

Música: Pawel Mykietyn

Director de fotografía: Adam Sikora

Edición: Réka Lemhényi

Sonido: Robert Flanagan

Vestuario: Anne Hamre

Productores: Ewa Piaskowska   y Jerzy Skolimowski

Productores ejecutivos: Jeremy Thomas y  Andrew Lowe

Co-Productores: Ingrid Lill Høgtun, Ed Guiney  y Jozsef Berger

Duración: 83 minutos

Elenco: Vincent Gallo, Emmanuelle Seigner, Zach Cohen,  Nicolai Cleve Broch, Stig Frode Henriksen, David Price, Tracy Spencer, Klaudia Kaca y Dariusz Juzyszyn

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CINE: VOTOS DE AMOR

UNA NO TAN CLÁSICA HISTORIA DE AMOR

Votos de amor es un drama romántico, de esos en las que el amor se ve contrariado por causas ajenas a los protagonistas. En este caso, un accidente que sufren ambos al detener su vehículo en una esquina durante una nevada y ser atropellados por un camión que no puede frenar. Ella es despedida a través del parabrisas por el impacto, se golpea la cabeza y, a causa del trauma, pierde la memoria de los últimos cinco años vividos, incluyendo el tiempo de felicidad conyugal junto pareja. Si bien la recuperación en otros aspectos es rápida la conmoción es de tal naturaleza que no permite saber con certeza si el bloqueo será temporal, o si esos recuerdos –que definen quién es, o al menos quién era en ese puntual momento de su vida- volverán para permitirle retomar las cosas allí donde habían quedado inmediatamente antes del choque. Cualquier coincidencia con el film que protagonizaron Adam Sandler y Drew Barrymore –Como si fuera la primera vez (Peter Segal, 2004)-  termina en estas pocas concordancias.

Votos de amor, sin alejarse demasiado de los códigos del género, explora con cierta profundidad las relaciones familiares, adentrándose en las tensiones existentes entre las expectativas de unos y otros, no sólo en relación a la recuperación de Paige, la mujer en cuestión, sino a la vida en general. Por supuesto, hay un antiguo novio despechado que quizás vuelva por la revancha, la férrea oposición de los padres a la consolidación de la pareja  y otros tópicos comunes, pero el film está construido de un modo original y algunas situaciones trascienden la tradicional historia amorosa. Uno de los principales aciertos es el ritmo con que van dosificándose los sucesos y el tiempo dedicado a cada uno, lo que hace que el relato –que apela a un flashback para dar cuenta de la feliz convivencia marital- fluya naturalmente y resulte siempre atractivo.

Aunque el tema tal como está planteado daba para un tratamiento atento a otras complejidades (incluido el final), Votos de amor es –dentro del género en el que no niega encuadrarse- un producto digno y hasta medianamente  innovador.

FICHA TÉCNICA

Votos de amor (The vow, EEUU, 2012)

Dirección: Michael Sucsy

Guión: Michael Sucsy, Abby Kohn, Marc Silverstein y Jason Katims

Producción: Roger Birnbaum, Gary Barber y Jonathan Glickman

Música Rachel Portman yMichael Brook

Fotografía Rogier Stoffers

Montaje Nancy Richardson y Melissa Kent

Duración: 104 minutos

Elenco:  Rachel McAdams, Channing Tatum, Sam Neill, Scott Speedman, Jessica Lange, Wendy Crewson

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CINE: LOS VENGADORES

DEL COMIC A LA PANTALLA, CASI AL ALCANCE DE LA MANO

Antes que nada debo decir que no soy muy afecta al cine de grandes escenarios y efectos especiales (prefiero el Alejandro Amenábar de Los Otros o Mar adentro al de Ágora, por ejemplo), aún así esta película convertida a 3D y con todos lo héroes del elenco Marvel me impactó. Que el mundo de los comics tome “cuerpo” en la pantalla en un film live action y que lo haga conservando lo más propio del universo de estos superhéroes es algo maravilloso en el sentido estricto de la palabra (lo que causa a la vez admiración y temor). El film logra que los ambientes, las situaciones y la idiosincrasia de cada personaje guarden esa aureola que supieron conseguir a lo largo de su vida  en papel, potenciando un relato que quizás sea algo convencional en cuanto a la narración se refiere, pero que sin duda consigue la atención ávida del público durante las dos horas quince que dura la película.

El motor de la historia y motivo de la reunión de esta especie de dream team de superhéroes es una amenaza a la paz mundial representada en la figura de Loki, hermanastro de Thor. Para enfrentarlo Nick Fury (un Samuel L. Jackson al mejor estilo Matrix), jefe de S.H.I.E.L.D., convoca a Iron Man, el Capitán América, el increíble Hulk, la Viuda Negra y a Thor para recuperar una fuente de energía que en manos enemigas causará grandes (espectaculares) desastres. Por su parte, Hawkeye actúa momentáneamente para el bando contrario junto con Selvig (un Stellan Skarsgård al que nunca volví a ver tan bien como en la trilogía Milennium).

El film se centra casi exclusivamente en las luchas de este equipo; primero, las individuales, dentro mismo del grupo al que los miembros no logran amoldar sus distintas (y formidables) personalidades; luego, con el enemigo en sus diversas formas. Batalla tras batalla, su director –Joss Whedon, coguionista de algunos films de superhéroes, aunque no siempre aparezca en los créditos- va creando un espacio para el lucimiento de cada uno, cuidando que la historia conserve un protagonista grupal. Hay toques de humor, guiños para los seguidores de los personajes en sus respectivos films y muchas sorpresas como las presencias inesperadas de Jerzy Skolimowski (director de Essential Killing) como un villano ruso; Stan Lee (productor ejecutivo de varios de los films individuales) y Wiliams Christopher Stephens.

Si bien el film tiene algunas desprolijidades, entretiene y deslumbra en todo momento, lo que no es un dato menor; al fin y al cabo, uno va a ver este tipo de películas exactamente para eso.

Ah, ya está confirmada la secuela, preparada abiertamente desde esta realización.

FICHA TÉCNICA

Los Vengadores (The Avengers, EE.UU. 2012)

Dirección: Joss Whedon

Guión: Joss Whedon y Zak Penn

Música : Alan Silvestri

Fotografía : Seamus McGarvey

Duración: 142 minutos

Elenco: Robert Downey Jr., Chris Evans, Mark Ruffalo, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Jeremy Renner, Tom Hiddleston, Samuel L. Jackson, Cobie Smulders, Clark Gregg, Gwyneth Paltrow, Stellan Skarsgård, Stan Lee, Harry Dean Stanton

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CINE: LA SEPARACIÓN

TAN COMPLEJA COMO ESO QUE LLAMAMOS VERDAD

Lejos del cine de Abbas Kiarostami, el realizador iraní más conocido en nuestro país, el film de Asghar Farhadi coloca su historia doméstica en un moderno Irán en el que hombres y mujeres parecen tener problemas parecidos a los nuestros, e incorpora el ritmo de la ciudad, con sus idas y venidas. Si, por lo general, se le endilga al cine iraní el que “no pase demasiado”, sus innumerables “tiempos muertos”, La separación desmiente radicalmente el estereotipo con una historia sencilla pero de múltiples aristas desarrollada en un relato por momentos vertiginoso (en algunas escenas se suceden planos que duran poco más de tres segundos).

Si bien el film propone desde el título una focalización en la separación del matrimonio que conforman Nader y Simin y, de hecho, la narración se inicia con el juicio donde éstos buscan dirimir sus diferencias, pronto la historia toma otros caminos cuya exploración abre el panorama más allá del ámbito de las relaciones de pareja. Sin alejarse demasiado de su núcleo principal, el relato complejiza el conflicto central con un nuevo incidente que permite al director mostrar diferentes posturas afectivas, éticas, ideológicas, no ya en cuanto a la separación de dos personas que han compartido catorce años de su vida y tienen una hija al borde de la adolescencia, sino en cuestiones tales como el deber, la mentira, el dinero, la vejez, la falta de trabajo o el tratamiento que las instituciones dan a quienes, por una u otra razón, están marginados. De este modo, lo que parecía ser meramente un problema familiar  –“problemita”, dirá el juez encargado del primer dictamen-, producto de intereses encontrados en relación con el deseo de emigrar o la tenencia de Termeh, la hija de ambos, se convierte en un conflicto de mayor repercusión social que en el relato adquiere casi el tono de un thriller .

El giro se produce cuando Samin –el hombre- se queda solo en la casa que abandona Nader, a cargo de su hija y de su padre con Alzheimer. Como su trabajo lo obliga a permanecer mucho tiempo fuera del hogar busca ayuda en una mujer que acudirá a socorrerlo por una suma -¿baja?- de dinero desde la otra punta de la ciudad. La asistente pronto revelará sus falencias y el conflicto derivará en un nuevo proceso judicial que obligará a cada uno –a todos- a tomar posición.

El film de Farhadi logra atrapar con una historia en apariencia  íntima que termina involucrando a la sociedad toda. Con una mirada atenta a todos los matices humanos pero sin desdeñar la creatividad formal, el director iraní construye un relato que logra mantener en vilo al espectador que quiere saber la verdad, lo cual no es poca cosa.

Ganadora del Oscar 2011 a la Mejor película de habla no inglesa; Oso de Oro en el Festival de Berlín 2011 como Mejor película y Oso de Plata en las categorías Mejor actriz y Mejor actor; Premios Mejor película, Mejor Director, Mejor guión y Mejor editor en la Sexta Edición de los Premios Asiáticos de Cine. Y sigue la lista.

FICHA TÉCNICA

La separación (Jodái-e Náder az Simin,  Irán, 2011)

Dirección y guión: Asghar Farhadi

Fotografía: Mahmoud Kalari

Música: Sattar Oraki

Duración: 120 minutos

Elenco:  Leila Hatami, Peyman Moaadi, Shahab Hosseini, Sarina Farhadi y Sareh Bayat

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