TEATRO: MINEROS, de Lee Hall

NO IMPORTAN LAS RESPUESTAS, LO REVANTE SON LAS PREGUNTAS

Antes que nada hay que destacar que la puesta de Mineros está pensada en grande: un gran teatro, una gran inversión, un gran elenco –los mismos protagonistas de Baraka, que ocupó idéntico escenario entre el 2008 y el 2011, dirigidos también por Javier Daulte-. Esta magnificencia se nota sobre todo en el dispositivo escenográfico que incorpora para la ambientación  una gran cantidad de sofisticados elementos (también grandiosos),  además de varios cambios radicales de escena. Estas coincidencias -subrayadas más arriba- hacen que la obra se presente casi como una continuación renovada de la propuesta anterior, de éxito largamente probado. En este sentido, el público va a buscar exactamente lo que encuentra: un grupo de actores reconocidos en una obra dramática pero “amable”. En este caso, como en el anterior, el texto es de un autor extranjero e igualmente gira  -creo que no por azar- alrededor del tema del arte, el mercado y la política.

El texto dramático de Mineros pertenece a Lee Hall, autor británico que conocemos por estos pagos por haber escrito el guión de ese film memorable llamado Billy Elliot en el que narra la historia de un chico de una familia minera que quiere ser bailarín (y termina triunfando en Londres). Aquí la anécdota de base es recurrente en cuanto a núcleo temático: un grupo de mineros decididos a aumentar su limitada educación –alguno no sabe ni siquiera leer-  contrata, un poco por casualidad, un profesor de arte para que los entrene en el inexplorado campo de la apreciación artística. Asombrado ante el total desconocimiento acerca del tema, el maestro les propone a modo de iniciación que ellos mismos pinten un cuadro. A partir de allí, la obra se interna por caminos más o menos teóricos –que podríamos llamar “bajada de línea” si no fuera porque frente a las cuestiones planteadas explora diferentes respuestas, quizás un poco estereotipadas en algún caso, pero igualmente capaces de activar las posiciones críticas y el debate-, sin dejar de lado una dramaticidad algo deslucida que se nutre en las relaciones personales y la dureza del trabajo. Y así aparecen sobre el escenario temas como el papel del arte y su relación con la política, la oposición entre baja y alta cultura, los canales de legitimación del artista y la más drástica: ¿pueden los obreros hacer arte?, y en caso de que la respuesta sea afirmativa, ¿les está reservado como artistas un rol predeterminado?

Yo creo que plantear todas estas cuestiones dentro del marco de un teatro que no esconde su sesgo comercial, independientemente de las respuestas que puedan darse, es una tarea muy meritoria. Y esto es así  más allá de los logros estrictamente estéticos que la puesta pueda tener y, también, de sus desaciertos, de sus excesos, de sus  imprecisiones. Al fin y al cabo vamos al teatro para que lo que sucede sobre el escenario nos atraviese, ya sea el corazón … o la cabeza.

FICHA TÉCNICA

Autor: Lee Hall

Traducción y adaptación: Fernando Masllorens y Federico González del Pino

Versión y Dirección: Javier Daulte

Elenco: Hugo Arana, Darío Grandinetti, Juan Leyrado, Jorge Marrale, Patricia Echegoyen, Juan Grandinetti y Milagros Almeida

Diseño de Escenografía: Alberto Negrin

Diseño de iluminación: Gonzalo Córdoba

Diseño de Vestuario: Mariana Polski

Fotografía: Estudio Sisso Chouela

Prensa: SMW

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