TEATRO: SALOME DE CHACRA, de Mauricio Kartun

CUANDO LA FARSA SE VUELVE POESÍA

 Una vez más el Teatro San Martín ofrece en la sala Cunill Cabanellas Salomé de Chacra, especie de “auto profano” escrito y dirigido por el talentosísimo Mauricio Kartun  (Chau Misterix, 1980; Pericones, 1987; El niño argentino; 2006; Ala de criados,  2009). El título –y junto con él la idea madre del texto- tiene un origen sumamente azaroso y, quizás por eso mismo, bastante ilustrativo: se trata de un cartel que anunciaba la venta de “salame de la chacra” que el dramaturgo leyó de paso por Córdoba. Así, jugando con las palabras, nació este proyecto que luego requirió muchas lecturas, puesto que está en el ánimo del escritor investigar y la leyenda de Salomé cuenta ya con numerosas versiones tanto literarias como cinematográficas e, incluso,  teatrales. Algo de todo esto  ha quedado como sedimento en la obra de Kartun, en especial el texto dramático de Oscar Wilde cuyo espíritu nutre subterráneamente el tono paródico que decididamente adoptó la pieza.

La obra es una  transposición a la pampa del relato, los personajes y la mística de aquella leyenda bíblica. Los personajes responden al mito: Herodes, su mujer, Juan Bautista (en realidad, su cabeza siempre invisible) y Salomé. Hay, además, en esta versión, como en toda tragedia que se precie, un coro, en este caso compuesto sólo por un corifeo bien autóctono: el Gringuete. El traspaso de contexto hace que los personajes se tensen y adquieran otra carnadura –nunca tan justa la palabra como en este caso-, aún cuando después disputen en las arenas más abstractas de la ideología. Así Herodes es un terrateniente, dueño de un  establecimiento venido a menos dedicado a la cría de porcinos y la fabricación de chacinados. Su mujer, Cochonga, es la viuda de su hermano, atada a través del muerto a una tradición que cada vez cuesta más sostener. La bella Salomé, hijastra de Herodes y objeto de su deseo nunca sublimado, es la niña que vuelve de educarse en Europa y Gringuete es el peón fiel, enamorado en silencio. Por último, en el aljibe seco, como en una prisión, se encuentra Juan Bautista, un anarquista condenado al encierro que igual hace oír su voz libertaria. Esa voz  llega hasta oídos de Salomé convirtiéndose él también en un eslabón de esta cadena de deseos que se engrosa y se tuerce.

Kartun bucea en nuestras raíces nacionales desenterrando creencias populares y posturas ideológicas hasta llegar, incluso, al meollo filosófico – estar o hacer, parece ser el dilema- y lo hace jugando con el lenguaje, rescatando lo profano y hasta convirtiendo lo vulgar en poesía. Hay algo del orden de lo maravilloso en el resultado que mezcla vocablos en latín con expresiones que recogen y mixturan lo chabacano y lo más refinado. Kartun tensa al máximo el lenguaje y lo suelta repentinamente, jugando con las palabras hasta el ridículo, sin dejar de lado una profundidad reflexiva que le sale de taquito. “Vivo escudriñando cosas que habitan dentro de las cosas. Síntesis de liturgia acechando en la estructura ramplona de la farsa titiritera.  Retro tábula altaris en su retablito. Concierto en su bochinche. Arte-facto en el cachivache”, sintetiza el autor con maestría el mecanismo de su obra. Queda claro: cada palabra es un lujo, incluso aquellas dichas simplemente como presentación en el programa.

Excelente puesta en escena para un magnífico texto, Salomé de chacra cuenta con las brillantes actuaciones de Osqui Guzmán, Manuel Vicente y Lorena Vega, acompañados por Stella Galazzi en un papel algo menor. El diseño de la escenografía, la iluminación y el vestuario saben explotar las líneas que explora el texto dramático, logrando un cúmulo de sentido.

Aquellos para quienes el lenguaje es sólo un medio para ir a “las cosas” deberán abstenerse.

FICHA TÉCNICA

Texto y dirección: Mauricio Kartun

Diseño sonoro: Tian Brass

Diseño de Iluminación: Alejandro Le Roux

Diseño de vestuario: Gabriela A. Fernández

Diseño de escenografía y realización de elementos: Norberto Laino

Elenco (por orden de aparición): Osqui Guzmán, Manuel Vicente, Lorena Vega y Stella Galazzi

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