EDITORIAL: CANTAR LAS DIEZ MIL

Un poco por pedido de los amigos y conocidos, otro poco por evitar el encierro de escribir siempre para los mismos círculos, hace siete meses tomé la decisión de dar vida a El espectador compulsivo. En aquel momento, no tan lejano, tenía más entusiasmo que certezas al encarar la infinidad de decisiones que hacen a una publicación de este tipo, decisiones sobre los qué, pero sobre todo acerca de los cómo. Poner on line el sitio significó aceptar desafíos relativos a los nuevos métodos de autoedición y de comunicación sobre los cuales yo no tenía demasiado conocimiento. Fue hacerme desde abajo, casi por ensayo y error.

En cuanto a la  línea editorial, en un principio tampoco estaba totalmente definida, si bien sabía a qué producciones quería reservar un lugar destacado. Los productos nacionales, y dentro de ellos los que enfrentaran un riesgo estético o temático, serían prioritarios. Hoy puede decirse que las realizaciones alternativas tanto en teatro como en cine -o independientes, si se prefiere el término, aunque ambos acarrean diversos problemas teóricos-, nacionales e internacionales, estuvieron siempre en foco, aún cuando El espectador compulsivo  dio cuenta también de las grandes atracciones que Hollywood entrega semana a semana. Esta mezcla, quizás, sea el sello más personal del sitio: no todo pero sí algo de lo más importante de la producción comercial sumado al rescate del cine o teatro que se abre paso fuera del circuito principal, de manera de que el lector se halle, cada semana, al tanto del panorama global.

Por otro lado, los artículos -de acuerdo con aquellas necesidades que motivaron en un principio su escritura- siempre fueron pensados para ser leídos de manera ágil y servir de guía al momento de elegir un espectáculo. Los trabajos más teóricos quedaron reservados para el campo académico; si bien hay en nuestro archivo algo sobre la definición de los géneros en televisión, podría decirse que es un excursus.

Finalmente, alcanzadas hoy las 10.000 visitas no puedo dejar de sorprenderme al mirar el camino recorrido. Por supuesto, no estuve sola, no hubiera podido. Hubo gente alentándome, ayudándome a difundir, dándome su opinión.  Personas maravillosas que conocí gracias a El espectador compulsivo. A ellos mi más ferviente agradecimiento, en especial a Javier Hurtado y Marisa Cariolo quienes desde distintos ámbitos estuvieron siempre conmigo.  Y también a todos los lectores que, pacientemente, me han acompañado en este recorrido. Ustedes han ayudado a ensanchar mi mundo.

Muchísimas gracias!

Anuncios