CINE: TIERRA DE LOS PADRES

UN EJERCICIO DE MEMORIA NO EXENTO DE BELLEZA

Finalmente va a tener lugar el estreno en la cartelera porteña de Tierra de los padres, el documental de Nicolás Prividera (M, 2007) que despertó polémicas al quedar fuera de los dos principales Festivales de nuestro país (el BAFICI y el de Mar del Plata), luego de haber pasado con muy buena acogida por los de Toronto, La Habana y México. El film fue rodado casi íntegramente en el cementerio de la Recoleta y propone un  recorrido por la historia argentina a través de los enfrentamientos políticos que dieron lugar a cruces, muchas veces sangrientos, entre diferentes idearios.

El nombre de la película proviene de la definición de nación que propone el relato, entendida como la posesión de un cementerio común o, más literalmente,  la “tierra de los padres”. A partir de esta noción, mediante una provocativa y austera propuesta estética, Prividera va construyendo un diálogo imaginario en el que se contrastan las versiones de la historia de vencedores y vencidos. Los parlamentos –breves- son leídos entre las tumbas, como una forma de darle voz a quienes los sostuvieron.  Cortando el silencio, aparecen como una especie de hálito vital que, por un momento, los embarga y luego se desvanece, dejando el lugar nuevamente vacío. Recién entonces nos enteramos de los puntuales datos de autoría. A veces es fácil identificar la procedencia de las declaraciones, otras un poco sorprendente, siempre interesante en la dialéctica que va de uno a otro lado.

Acompañando esa Historia con mayúscula hay otra historia, minúscula, cotidiana, de la que Prividera toma nota: la de los trabajadores del cementerio, habitantes de una ciudad dentro de otra. El relato se detiene en ellos, los retrata, los sigue en sus tareas, va tejiendo con ellos el detrás de escena de los grandes acontecimientos y en ese mismo acto les otorga sentido al rescatar a las personas anónimas que dan “cuerpo” a esa Nación, abstracta en las ideas. Hay belleza en todo lo que la cámara recoge, quizás porque está allí, expectante a lo que pudiera suceder, dispuesta a registrarlo.

Definida por su realizador como un poema-ensayo cinematográfico, Tierra de los padres se interroga sobre doscientos años de nuestra historia con indudable valentía, poniendo de manifiesto la supervivencia de algunas ideas a lo largo de todo nuestro devenir. Los primeros minutos con el Himno nacional sobre las imágenes más violentas de nuestra historia y el plano secuencia final, que concluye en el río en el que acabaron miles de vidas, son de una potencia estremecedora. Se trata de cien minutos de un relato denso, que nos interpela directamente como argentinos y exige una atención continua.

Por momentos, la película me hizo recordar a Profit Motive and the Whispering Wind (Incentivo de ganancia y el viento susurrante, John Gianvito, 2007), presentada en el BAFICI 2008, quizás por un parentesco de intenciones tanto estéticas como políticas, aunque en el caso de Gianvito el relato se construye en  base a una recorrida por lápidas, mausoleos y placas conmemorativas sin una sola palabra. De todos modos, la relación no empaña de ninguna forma la originalidad del film de Prividera, sino por el contrario hace más difícil de entender su exclusión de los más importantes ámbitos de exhibición de nuestro país.

FICHA TÉCNICA

Guión y dirección: Nicolás Prividera

producción Ejecutiva: Pablo Ratto

Asistencia de dirección: Evangelina Loguercio

Fotografía y cámara: Ada Frontini

Sonido: Horacio Almada

Edición: Amalia Herdt

Duración: 100 minutos

Con la participación de: Maricel Alvarez, Marina Enriquez, Susana Pampín, Ricardo Ibarlucía, Alejandro Tantanian, Lucía Cedrón, Carlos Gamerro, Gustavo Nielsen, José Campusano, Félix Bruzzone, Martín Kohan, Emilio García Wehbi.

TRAILER

Anuncios