CINE: EL CHICO DE LA BICICLETA

HISTORIAS PEQUEÑAS, GRANDES CINEASTAS

La infancia  –sobre todo la infancia desolada- ha sido un territorio visitado reiteradamente por el cine con mayor o menor profundidad, con mayor o menor crudeza, con poca o mucha originalidad.  Quizás por eso uno llega a El chico de la bicicleta con la prematura sensación de que el film quizás logre conmovernos pero no nos sorprenderá. De algún modo, inconscientemente, estamos convencidos de que desde Los 400 golpes (François Truffaut, 1959) y Crónica de un niño solo (Leonardo Favio, 1965) hasta acá se ha puesto en pantalla lo medular del tema y ahora quedan sólo algunas cuestiones menores por indagar, sólo datos precisos y algunas circunstancias por modificar. El abandono, las instituciones de acogida, la búsqueda de afectos perdidos o sustitutos han sido ampliamente tratados y es difícil no caer en tópicos ya consolidados en los múltiples relatos.

El chico de la bicicleta, sin embargo, asombra por su simpleza. Los hermanos Dardenne (Rosetta, 1999; El niño, 2005) logran construir con sensibilidad una narración a la vez íntima y potente desde el punto de vista dramático, a partir de recursos sencillos que se concentran sobre todo en la figura del niño protagonista de esta historia –Cyril, de once años – y, en menor medida, en su posible madre sustituta –Samantha-. Alrededor de estos personajes, los directores y guionistas irán construyendo un relato austero, pleno de primeros planos que se demoran en los gestos del chico, al que muchas veces habrán de seguir -cámara al hombro- con la urgencia que requieren sus reacciones a menudo intempestivas.

Cyril ha sido abandonado por su padre (encarnado por Jérémie Renier, el mismo que interpreta al cura belga de Elefante Blanco). El hombre, además, se ha llevado su objeto más preciado, aquel que le permitía una cierta libertad de movimientos: su bicicleta. Al muchacho le cuesta aceptar el hecho e insiste en que debe haber un error hasta que, finalmente, consigue que lo lleven al departamento que ambos compartían hasta poco tiempo antes. La escena de la constatación, en los primeros tramos del film, es un ejemplo de lo que los realizadores harán el resto del relato. Cyril es acompañado por el portero a la vivienda deshabitada.  La cámara lo sigue quedándose un poco atrás, con respeto; no nos muestra el espacio vacío sino a través de indicios, pero tanto para él como para nosotros no existen dudas: se ha quedado solo. De allí en más la obstinación y el hecho mismo del abandono desatarán la violencia. A Cyril le costará atarse a esa mujer que sin saber por qué lo eligió como a un hijo y se enfrentará a disyuntivas en las que deberá tomar decisiones capitales que afectarán el resto de su vida.

A pesar de que para muchos –incluidos los directores- el tema central pasa por la violencia y la necesidad de superarla, a mí el film me dejó una impresión que va un poco más allá, pero que, de todos modos, se basa en el planteo explícito de la película. Lo que El chico de la bicicleta pone en cuestión –y, lo que a la postre nos define como personas- es la responsabilidad frente a nuestros actos y decisiones (los del padre, los del chico, los de Samantha, los de todos los personajes). Cómo obramos frente a nuestros errores, cómo aceptamos los compromisos contraídos, en todos los ámbitos. En este punto hay mucha sutileza en el relato si uno presta atención a las secuencias finales.

Un film sencillo, pero de gran crudeza que, sin embargo, echa una mirada optimista sobre los vínculos afectivos.

Aclaración para los preciosistas: el film llega en DVD por lo que la imagen se percibe algo diferente.

FICHA TÉCNICA

El chico de la bicicleta (Le gamin au vélo, Francia-Bélgica-Italia, 2011).

Guión y dirección: Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne.

Fotografía: Alan Marcoen.

Edición: Marie-Hélène Dozo.

Duración: 87 minutos

Elenco: Cécile De France, Thomas Doret, Jérémie Renier, Egon Di Mateo, Oliver Gourmet.

TRAILER

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