TEATRO: AQUEL AIRE INFINITO

CON OLOR A CLÁSICO

Revisitar los mitos, transformarlos, deconstuirlos y volverlos a armar ha sido el origen de muy buenos textos teatrales. Tal es el caso de Aquel aire infinito de la catalana Lluïsa Cunillé, escrito en el 2002 para la Companyia Hongaresa y distinguido en 2010 con el Premio Nacional de Literatura Dramática. En este caso los convocados son Ulises, Electra, Fedra, Medea y Antígona, personajes de intensa vida interior que por elección de la autora dejan la Grecia clásica para insertarse en el inestable mundo contemporáneo. Con una estructura que partiendo del monólogo interior lleva al diálogo confesional, íntimo, la obra propone el encuentro sucesivo de Ulises, un ingeniero en tierras extrañas, con cuatro mujeres de carácter fuerte e historia trágica: Electa que vuelve del entierro de su odiada madre, Fedra que está enamorada de él, Medea que ha pasado diecisiete años en prisión por el asesinato de sus hijos y Antígona, hermana de un terrorista. La propuesta bucea en los sentimientos de estos seres perdidos en un mundo cambiante, que desaparece bajo las topadoras o las bombas, un universo en el que, en definitiva, todos son/serán extranjeros, venidos de otras partes u otros tiempos.

Como todo texto dramático que hace decisivo hincapié en la palabra, la puesta en escena supone una elección fundamental: dejar que fluya sin contratiempos en un contexto austero o confrontarlo con una puesta que ponga en funcionamiento una multiplicidad de sistemas sígnicos. Paco Zarzoso, director de la Companyia, ha optado por lo primero. Apenas una mesa  y dos sillas constituyen el ámbito en que los personajes –interpretados por Pep Ricart y Lola López a cargo de las cuatro mujeres- se irán desenvolviendo. Una pantalla en la que aparecen las didascalias –sobre todo las sonoras- se suma como un recurso original que aporta cierta extrañeza a algunos momentos que de este modo se vuelven más abstractos, más reflexivos. Fábricas que se derrumban ante nuestros ojos, viejas construcciones que abren paso a hoteles y shoppings, ruidos ensordecedores que, sin embargo, no nos llegan, constituyen el paisaje al que los habitantes de este nuevo mundo deberán adaptarse.

Un texto para escuchar atentamente, para disfrutar palabra por palabra y meditar; muy bien interpretado, especialmente por Pep Ricart.

SOBRE LA COMPANYIA HONGARESA

Fundada en 1994 por Paco Zarzoso, Lola López y Lluïsa Cunillé, tiene su sede en Puerto de Sagunto (Valencia). Desde entonces su sello de identidad  ha sido la palabra como motor de la creación escénica. Aquel aire infinito fue estrenada por la compañía en 2003 pero el hecho de ser recientemente premiada alentó una nueva puesta. No es la primera vez que Zarzoso visita nuestro país. Aquí estrenó hace una década Umbral y en el 2006, dentro del marco del Festival del Mercosur, Vacantes de la misma autora. Desde entonces, es posible ver en Buenos Aires su trabajo con cierta asiduidad.

FICHA TÉCNICA

Dramaturgia: Lluïsa Cunillé

Dirección: Paco Zarzoso

Ayudante de dirección: Blanca Martínez

Iluminación: Leandra Rodríguez

Vestuario: Paquita Ruiz

Elenco: Lola López y Pep Ricart

Producción Argentina: Marcelo Márquez, Anabela Accastello y Tomás Gianola

Producción España: Lydia García

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