CINE: COSMÓPOLIS

Estreno 8/11/12

DONDE VAN A PARAR LAS LIMUSINAS AL FINAL DEL DÍA?

Por El espectador compulsivo

Se sabe: los films alegóricos pueden ser interpretados de diversas maneras y, por lo tanto, justipreciados también de forma diferente. En ellos, mucho más que en otros casos, la lectura depende siempre de la pericia o imaginación del espectador quien va construyendo un recorrido entre los muchos posibles al rellenar los huecos de sentido y resolver las ambigüedades como mejor le parece (aquí también cabe la máxima aristotélica de que de todo cuanto se recibe toma la forma del recipiente). Valga lo expuesto como intento de explicación de tanta crítica contradictoria sobre esta realización de Cronenberg  que sin esta salvedad -y sin tomar en cuenta sus innegables riesgos estéticos, meritorios o no- pasaría por ser una aburrida sucesión de intrascendentes y disparatados encuentros, sin más atractivo que la pretensión de retratar lo más salvaje del capitalismo salvaje visto desde arriba, desde la cúspide del poder.

Basada en la novela de Don DeLillo (2003) la historia transcurre casi con exclusividad en una limusina donde el protagonista pasa la mayor parte del día. Allí atiende sus negocios, a sus amigos y a sus amantes. Allí bebe, tiene sexo y discurre sobre el universo con igual apatía. Rey y esclavo de su propio mundo, Erick Parker –el omnipresente Robert Pattinson, actor de Crepúsculo y Bel ami, también estrenada esta semana- parece tener sólo esporádicos encuentros con “la realidad”. Mientras tanto deambula por la ciudad de New York como quien atraviesa un paisaje desconocido y extraño en una cápsula. En este contexto, la limusina aparece como símbolo a la vez de la opulencia y el encierro; trono y sepulcro; punto de llegada a un status tras el cual es difícil imaginarse nada -¿dónde van las limusinas al final del día?, se pregunta todo el tiempo el multimillonario (quiero creer que con una preocupación metafórica)-. Lo único que parece desear, su única ambición en ese día en el que el destino le deparará más de una mala jugada, es… un corte de cabello. Así planteado, el viaje a través de la ciudad hasta una pequeña peluquería de barrio será un viaje hacia atrás: desde lo que es hacia lo que fue, sitio de origen representado por el local donde se cortaba el pelo de niño.

El universo que propone Cronenberg –Un método peligroso, 2011;  Crash, 1996- es abstracto y, por momentos, risible. Los diálogos, a veces totalmente incongruentes, se suceden en forma tan mecánica e indolente que es imposible no ver en ellos un rasgo de estilo que trasciende a las limitaciones actorales propias del protagonista.  El relato, por momentos caótico e insustancial, consigue sin embargo transmitir un clima que, aunque confuso, alcanza a patentizar ese mundo insólito y terriblemente estrecho en el que vive el protagonista; un mundo sin márgenes, sólo con un afuera lejano e incomprensible.

Bella y extraña, la ciudad a través de los vidrios de la limusina constituye uno de los mayores atractivos del film. El resto sólo es dinero.

TRAILER

FICHA TÉCNICA

Cosmópolis (Cosmopolis, Canadá-Francia-Portugal-Italia, 2012)

Dirección: David Cronenberg

Guión: David Cronenberg, basado en la novela de Don LeLillo

Fotografía: Peter Suschitzky

Música: Howard Shore

Edición: Ronald Sanders

Duración: 109 minutos

Elenco: Robert Pattinson, Paul Giamatti, Juliette Binoche, Kevin Durand, Sarah Gadon, Samantha Morton, Mathieu Amalric y Jay Baruchel.

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