TEATRO: TODO VERDE, de Santiago Loza

CONFESIONES EN SOLEDAD

Por El espectador compulsivo

Debo confesar que sigo el trabajo de Santiago Loza desde hace tiempo, quizás porque en él la palabra tiene, más allá del devenir dramático, peso en sí misma y yo soy una enamorada de las palabras, de su belleza y de su poder convocante. Con escasísimas excepciones – tengo varias objeciones para Pudor en animales de invierno– sus obras tienen una fuerza poética arrolladora, potenciada por estructuras de base que el dramaturgo sabe desarrollar con precisión. Casi siempre conmueven.

Todo verdeComo en Matar cansa y Nada del amor me produce envidia, el motor de Todo verde es el recuerdo que toma la forma de monólogo interior –en realidad, de diálogo encubierto con  un oyente fuera de escena, quizás el público-, mediante el cual el único personaje sobre el escenario va confesando sus temores, alegrías y desdichas. Tienen en común el focalizar en seres que viven al margen, debatiéndose en la soledad más absoluta, limitados por sus propias imposibilidades. Todo verde coincide, además, con Nada del amor me produce envidia en que la protagonista es una mujer abatida por la aplastante rutina de la vida pueblerina que parece desvanecer cualquier oportunidad de ampliar los horizontes.

Hay algo minimalista en los universos que plantea Loza, de allí que baste la palabra, un gran actor/actriz y un espacio escénico escasamente poblado para que surja con toda veracidad aquello profundamente humano que el autor convoca. En definitiva, el tema son los sueños, las ilusiones, el camino que media entre aquello en que nos convertimos y lo que hubiéramos querido ser. El tema son las esperanzas y sus frustraciones, y aquello de que somos capaces cuando creemos que ya no podemos aguardar nada, que todo nos ha sido negado.

todo verde 2La acertada dirección de Pablo Seijo maneja tiempos y climax logrando sacar partido de cada pliegue del texto gracias a la actuación, desbordante y contenida a la vez, de María Inés Sancerni (El niño argentino, 2006/7; Estado de ira, 2010/11/12), una actriz que sabe de múltiples matices vocales y corporales. En algo así como sesenta minutos confesionales logra que su criatura nos cuente –no sólo con la palabra- cómo impactó en su vida la llegada de esa otra mujer, esa que sabe del mundo y de los hombres; esa que quizás pueda arrancarla de su letargo, de su falta de amor en todas las acepciones.

Para dejarse conmover en la intimidad de una sala pequeña y un espacio escénico casi desnudo. Casi.

FICHA TÉCNICA

Texto:  Santiago Loza

Dirección: Pablo Seijo

Vestuario y ambientación:  Mónica Raiola

Diseño de Luces: Matias Sendon

Intérprete: Maria Inés Sancerni

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