TEATRO: MOLLY BLOOM

UN CONSTANTE FLUJO DE PALABRAS

Una mujer cavila sentada en la cama; junto a ella descansa su esposo tras una agitada jornada. Ella deja volar sus pensamientos inconexamente. Deja que se mezclen imágenes, recuerdos y sensaciones; que converjan y se expulsen mutuamente dando libertad a un monólogo interior que brota como una correntada imparable. Así se estructura el capítulo 18 del Ulises, la novela de James Joyce que escandalizó a la crítica y el público a principios de la década del ’20, cuando apareció.

molly bloomEl texto –considerado por la crítica como la mejor novela del siglo XX en lengua inglesa- sigue las aventuras de Leopold Bloom, un judío pequeñoburgués – su Ulises-, a través de la ciudad de Dublin, mezclando el simbolismo épico del poema homérico del que toma su protagonista –La Odisea– con atmósferas de rasgos naturalistas. A través de diecisiete capítulos, cada uno escrito con una técnica diferente y con un título que lo vincula con dicho poema[1], su autor detalla un día en la vida de este hombre. El último apartado está dedicado a su mujer, Molly. Se trata de un extensísimo monólogo en primera persona que no tiene ningún signo de puntuación ni hilo conductor único que permita sintetizar las casi cuarenta mil palabras que lo conforman y que se van sucediendo de modo avasallante por asociación  libre, tal como lo pensó Freud para su técnica psicoanalítica. Un desfile que involucra deseo y dolor, pasado y presente, inocencia y malicia, dejando al descubierto sin pudor los vericuetos del alma femenina, desde lo más banal hasta lo más profundo, en especial todo lo relacionado con el sexo.

molly bloom 2Cristina Banegas y Laura Fryd tradujeron este texto que luego adaptaron conjuntamente con Ana Alvarado. La versión tiene la cercanía que dan algunas expresiones locales sin llegar a esa redundancia colorida con las que algunas traslaciones quieren hacernos creer que el personaje en cuestión podría vivir aquí a la vuelta. Banegas da a su Molly todos los matices vocales y corporales necesarios para que se haga presente en escena, hecha voz, pero también cuerpo. Sólo un lienzo blanco y un atril la acompañan en el escenario. Una acertada iluminación favorecerá la “epifanía” que promete el programa de mano.

Por lo demás, el Ulises es un texto difícil, y su capítulo 18 no es una excepción. Si, como dice William Tyndall, comprenderlo en profundidad demanda varias lecturas[2], escucharlo permite sólo un acercamiento: imposible entenderlo todo. Innecesario, por otra parte.

Fiel al espíritu de Joyce, Molly Bloom nos hace llegar el voluptuoso mundo de una mujer con todas sus complejidades y contradicciones en una incesante procesión de recuerdos y fantasías, de vivencias y temores: el primer beso, la infidelidad propia o ajena, la muerte de su pequeño hijo. Todo.

Será cuestión de prestar atención.

FICHA TÉCNICA

Autor: James Joyce

Traducción: Laura Fryd , Cristina Banegas

Adaptación: Laura Fryd, Cristina Banegas y Ana Alvarado

Dirección: Carmen Baliero

Dirección de arte: Juan José Cambre

Diseño de iluminación: Matias Sendon

Diseño de sonido: Facundo Gomez

Asistente de dirección:Francisca Ure

Inérprete: Cristina Banegas

          • “Sí porque él nunca había hecho algo así antes como pedir que le lleven el desayuno a la cama con dos huevos desde el hotel City Arms cuando se le dio por hacerse el enfermo en la cama con esa voz quejosa mandándose la parte con esa vieja bruja de la señora Riordan, Dios me libre y me guarde si todas las mujeres fueran como ella criticando los trajes de baño y los escotes, por supuesto nadie le pedía que los usara supongo que era tan chupacirios porque ningún hombre la miró nunca dos veces…”  (Traducción de Laura Fryd y Cristina Banegas)

[1] Esta relación fue hecha con posterioridad.

[2] Tindall, William York (1971). Guía para la lectura de James Joyce. Ediciones Monte Ávila: Caracas (pag 123)

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