TEATRO: HIMNOS, MARCHAS Y CONTRAMARCHAS DE UNA NUEVA GLORIOSA NACIÓN

CUANDO EL FERIADO SE VISTE DE FIESTA

Desde hace algunos años el teatro ha devuelto a las fechas patrias su sentido y alegría. Con el mismo espíritu de aquellos actos escolares que recordaban el calendario nacional con una representación alusiva y terminaban con una taza de chocolate caliente o mate cocido y alguna golosina, la Cía de Funciones Patrias ha hecho de cada conmemoración una ocasión a la vez de memoria y de festejo.

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Bajo la dirección de Martín Seijo, el grupo tuvo desde el inicio una dinámica particular. Aparecida en 2008, en el contexto de intensa participación política y recuperación de la memoria colectiva que se gestó post crisis de 2001 y que tuvo nuevo impulso durante el gobierno de Néstor Kirchner, la compañía concentró su contacto con el público en unas pocas pero significativas presentaciones -todas ellas en días feriados- y se abocó a la adaptación de obras de autores nacionales que tuvieran que ver directamente con nuestra historia, aunque no siempre se estableció una completa correspondencia entre el calendario oficial y el suceso destacado por el texto elegido, sólo en algunas ocasiones originalmente dramático.

Aunque la Cía. en algunas oportunidades repite la obra, las puestas no tienen funciones regulares, limitándose las representaciones a unas pocas con el objeto de subrayar el carácter efímero del hecho teatral y, a la vez, su naturaleza festiva: cada función concluye con una “merienda patria” que comparte elenco y público. En cada oportunidad, además, el “acto” se inicia con la entonación del himno nacional y, una vez concluida la obra, los espectadores son saludados personalmente por los actores en la puerta de la sala, entregándosele algún recuerdo alegórico que varía según el presupuesto disponible.

Lo más propio de la Cía. es, precisamente, su carácter patriótico que la emparenta tanto ideológica como estéticamente con el teatro patriótico español que tuvo lugar en la península entre 1808 y 1914 como un movimiento de resistencia en un momento histórico bien determinado: la Guerra de la Independencia. En ese contexto, el teatro apareció como un fenómeno que aunaba los sentimientos nacionalistas del pueblo frente a la ocupación enemiga. De hecho, este teatro recibió el calificativo de “patriótico” sólo en cuanto el enemigo al cual se refirió fue externo. En la medida en que aparecieron luchas internas –en este caso, alrededor de la nueva Constitución- pasó a llamarse “político” y no “patriótico”. El grupo dirigido por Seijo recuperó esta exaltación patriótica frente al enemigo “externo”, pero resignificándolo al construir un eje nosotros/ellos en el que la primera persona aparece como un colectivo consolidado y abarcativo, que incluye a realizadores y público, frente a un ellos minoritario que se le opone y que representa esquemáticamente al poder dominante –antes y ahora, siempre el mismo-.

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Más allá de esta primera y medular coincidencia, es posible señalar otras que le son funcionales, entre ellas el reciclaje de obras antiguas, elegidas en función de la oportunidad de su argumento; la temática ligada a los grandes momentos de la historia nacional; la puesta en práctica de un teatro popular tanto por su concepción como por el público al cual va dirigido; los estrenos en fechas patrias memorables y, en definitiva, el carácter festivo de los encuentros.  Desde el punto de vista estrictamente estético se trata de un teatro burlesco, basado en la exageración y la risa fácil. Las piezas son breves, incluyen  música y canciones patrióticas, y tienen una clara finalidad didáctica.

Himnos, marchas y contramarchas de una nueva gloriosa nación, estrenado el 8 de junio celebrando el bicentenario de la creación del Himno nacional, es un caso un tanto atípico dentro del repertorio de la compañía ya que el texto dramático está estructurado casi exclusivamente en base a canciones que formaron parte de otros espectáculos (Rata rima con plata formó parte de Historia de cómo nuestro amigo Panchito González se sintió responsable de la epidemia de peste bubónica en zona sur; Marcha a Juan José Castelli pertenece a la excelente versión de Tres jueces para un Largo Silencio y La cumbia del ministro a Educación y Distancia, por ejemplo). El hilo conductor es una anécdota simple basada en la parodia a programas televisivos del tipo de Bailando o Cantando por un sueño, recurso que permite la seguidilla de canciones patrias. La crítica política es menos notoria que en otras obras del grupo, aunque es obvia la intención de crítica a determinada concepción de la cultura. La fuente de inspiración declarada es el libro de Esteban Buch O juremos con gloria morir. Historia de una Épica del Estado. Aunque presente en el escenario –un actor hace de un Buch al que no dejan hablar- su texto en cuanto tal se halla apenas manifiesto en la dramaturgia de Seijo, por otro lado, un muy buen adaptador.

Si bien las canciones pierden algo de su fuerza y contenido al estar fuera de contexto y el hilo dramático es más débil que en otras propuestas, el compartir la fiesta con la Compañía es siempre un bienvenido motivo de alegría, una experiencia colectiva en la que en cada ocasión nos sentimos partícipes absolutamente necesarios.

DIJO ESTEBAN BUCH

“Un invento argentino parece haber escapado a los orgullos de los nacionalistas: la creación del primer Himno Nacional moderno. La Asamblea General Constituyente que el 11 de mayo de 1813 declara “única marcha nacional” la obra de Vicente López y Blas Parera, por primera vez en la historia, hace de una canción el instrumento oficial de formación, reproducción y representación de una conciencia nacional. En realidad, si los nacionalistas hubieran comprendido la originalidad del gesto, habrían tenido buenas razones para seguir ignorándolo: al establecer un vínculo directo entre una práctica artística, una operación sobre el imaginario social, y la legitimación de un régimen político, ilustra de manera paradigmática la instrumentalidad de esos símbolos nacionales que el discurso político e historiográfico se encarga luego de reabsorber en las supuestas esencias de la nacionalidad”

Esteban Buch, Épicas de Estados en los Himnos Nacionales de América Latina

FICHA TÉCNICA

Dramaturgia, letras de canciones y dirección: Martín Seijo

Luces: Fernanda Balcells

Fotografía: Jorge Marino

Videos y diseño: Paolo Baseggio

Música: Paula Banfi, Eduardo Espinoza, Alejandro Millán Pastori, Natalia Olabe y Sebastián Pandolfelli

Prensa: Claudia Mac Auliffe

Elenco: Paolo Baseggio, José Escobar, Natalia Fernández Acquier, Ernesto Fontes, Julieta Gibelli, Claudia Mac Auliffe, Daniel Miranda y Sergio Zanardi

Merienda patria: a cargo de Vil Manjar (Vilma Rodríguez)

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