TEATRO: EL TOPO, de Luis Cano

UN ACTO DE AMOR

Recordar es, en muchas de las obras de Luis Cano, el resorte dramático que nos pone en contacto con un mundo perdido que, sin embargo, está omnipresente para cada uno de los personajes que lo convocan. La memoria es fragmentaria y a veces confusa, pero siempre extremadamente viva. Habita en cada uno de ellos con tal contundencia que, en ocasiones, parece tomar cuerpo e independizarse; desdoblarse en distintas voces, extraviarse y recuperarse. En El topo, el recuerdo –emotivo, puntilloso, nostálgico- se refiere al teatro; el viejo teatro, ese que se quedó en el tiempo, con sus personajes prototípicos y su sala a la italiana. Ese de las compañías y los repertorios. El que pereció bajo el piquete de un “progreso” ciego. El teatro de las grandes obras, las trascendentales, y las otras; pero también –y en este caso, sobre todo- el edificio que les dio cobijo. Es al teatro, a todo el teatro, que Cano homenajea en esta obra.

el topo

El topo es un hombre -un hombre deforme a causa de una joroba- que ha nacido y vivido siempre en un teatro. Su mundo es el teatro. No conoce nada fuera de allí. Alguien nos cuenta su historia, alguien que parece conocerlo bien y estar al tanto de todos los detalles. El texto, un monólogo, está plagado de situaciones elocuentes y términos de la jerga. Hay algo de respetuosa ofrenda en ese rescate, de amoroso cuidado  en el modo con que va recuperando vocablos y costumbres, tradiciones y personajes (el glosario que acompaña al programa y que explica cada una de las expresiones usadas es una prueba de ello y, también, testimonio de una materialidad que incumbe directamente a la obra).

La puesta a cargo del mismo Cano es ascética, pocos elementos pero significativos:  un telón de fondo, el armazón de un sillón, la luz y la música utilizadas en todo su potencial significante, y un actor desenhebrando la historia, poniendo de manifiesto todo el drama y la emoción, trayendo nuevamente al presente un universo que quedó irremediablemente atrás, y aún así…

Luciano Suardi pone la voz y el cuerpo, y el auditorio de la pequeña sala de La Comedia se deja conmover. Al fin y al cabo el teatro es eso, eso que nos convoca y nos reúne una y otra vez.

“En el  viejo teatro cuando una compañía terminaba la temporada, cada quien debía llamarse a sí mismo. Al  salir y dejar  la sala debías decir, decirte: Vení, para evitar que una parte tuya quedara atrapada en aquel edificio”. (El topo)

 FICHA TÉCNICA

Dramaturgia y Dirección: Luis Cano
Intéprete: Luciano Suardi
Diseño de vestuario y escenografía: Rodrigo González Garillo
Realización de escenografía: Gustavo Di Sarro
Realización de vestuario: Patricio Delgado
Música original: Diego Vila
Fotografía: Lucía Galli
Pintura del telón de fondo: Marcelo Seoane

FUNCIONES Sábado 21.15 y domingos a las 20.30 horas – Teatro La comedia, Rodriguez Peña 1062 – CABA 

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