TEATRO: FANTASMA DE UNA OBRA DE TEATRO DE 1900

Luis Cano -uno de los directores y dramaturgos más prolíficos de nuestra escena- escribió esta obra pensando en su puesta en el Teatro Regio, un antiguo edificio sobre la calle Córdoba; una sala tradicional a la que, suponía, el público concurría esperando ver piezas igualmente tradicionales Así nació Fantasma de una obra de teatro de 1900, jugando la idea de una obra espectral repitiéndose una y otra vez como un eco del pasado en las paredes del viejo teatro, motivo ya tratado desde otra perspectiva en El topo [1], y recurrente en su producción bajo diferentes formas estéticas y temáticas. En aquel proyecto, la puesta en escena contemplaba la sonorización del edificio buscando un efecto perceptivo que asemejara el chirriar de las paredes, una especie de respiración que acentuara su carácter fantasmal. No resulta extraño, entonces, que el texto resultante de aquella idea inicial echara raíces en un acervo cultural del que son parte autores como Echeverría, Mármol, Martínez Estrada, Mujica Láinez y Florencio Sánchez; ni que explore bajo el cliché del melodrama tanto los resortes dramáticos del realismo rioplatense de fines del siglo XIX y principios del XX, como las cuestiones sociales que se agitan debajo.

El hecho estético consumado es, sin embargo, absolutamente novedoso, aunque no “novedoso” con ese sentido radical que corta los lazos con el pasado, sino más bien en uno –más posmoderno- que lo rescata y resemantiza. Se trata de un teatro poético que trabaja sobre la fragmentación de la línea temporal y el sentido, e implica un desafío para el espectador (al que Cano nunca subestima).  Si hay una constante en su obra es, precisamente, la necesidad de recuperar el pasado –el tiempo “perdido”, ciertos saberes-, volviendo con insistencia allí donde ha quedado parte de nuestra historia personal, social, generacional [2].

fantasma

La puesta de Laura Yusem –muy creativa, como es habitual- exacerba lo fantasmal de la obra y lo lleva al extremo a través del juego de todos los sistemas sígnicos: la tenue y, por momentos, azulada iluminación, la música, los movimientos de los actores, la escenografía (esas “tumbas” que son condensadoras de sentido desde su potencia visual), todo subraya el carácter espectral. El encierro que ya se manifiesta en el texto dramático es abrumador en el espectacular, y el espacio se vuelve abstracto. Todo confluye para densificar el clima y el significado, con lo cual la recepción requiere de una predisposición y atención especiales. El punto más débil lo constituyen las actuaciones que no siempre logran el nivel deseable.

FUNCIONES: SÁBADOS 21.30 HORAS, TEATRO PATIO DE ACTORES -LERMA 568 -C.A.B.A.

Nota: Algunos datos puntuales sobre la gestación de la obra que recoge este artículo han sido tomados de un reportaje de Araceli Otamendi, facilitado por Luis Cano.

[1] El pasado, y en especial el pasado del teatro (o el teatro pasado), tiene un peso fundamental en El topo. Leer crítica en https://elespectadorcompulsivo.wordpress.com/2014/05/25/teatro-el-topo-de-luis-cano/

[2] El “allí” es especialmente importante en su dramaturgia como el lugar donde, de algún modo, ha quedado “pegado” el pasado: la playa de Aviones enterrados en la playa, el teatro de El topo, la casa de Vuelta a casa o Partes del libro familiar.

PALABRAS DEL AUTOR A PROPÓSITO DE LA OBRA

 Una nota corona el texto de Fantasma de una obra de teatro de 1900 en Escuela de marionetas, el libro que compila amorosamente gran parte de sus escritos – y digo “amorosamente” porque hay algo de esa índole en la forma en la que han sido recuperados y ordenados, vinculados a recuerdos personales y a la gente que de algún modo colaboró en su gestación-, la nota dice:

“Discutir el presente es discutir el código,  lo que rige. Coincidir con él es fingir. Parodiarlo es servirse del código pero igualmente afirmarse en su ley”

 

Ante una pregunta, Luis Cano aclara:

“Aquella frase dicha en un Festival que tematizaba la relación entre la política y el teatro (política y teatro son, en algún sentido, son términos sinónimos), creo que trataba de referirme a lo que pasa en nuestra época y también a nuestra responsabilidad (digo yo) de hablar acerca de eso. Vivimos en un tiempo histórico (¿hace falta decirlo, por qué?) no vivimos en tuppers. Y si bien vivir en el presente nos quita toda perspectiva, también nos pone los pies en el agua ¿en remojo…? Lo que trato de decir (lo que, supongo, trataba de decir entonces) es que el presente está codificado, está codificado: tenemos que seguir ciertas reglas, reglas del presente que podemos interpretar o no (de acuerdo a nuestra política personal). Y, desde luego, “discutir el código” (o sea, discutir las reglas de juego del presente) nos plantea el problema de tener éxito o no tener éxito con  los espectadores (ya acostumbrados a las reglas que impone el presente) pero el desafío es lograr persuadirlos para compartir un nuevo código, un código particular, un código menos impuesto… Todo esto, dado que el teatro es un intercambio (una discusión) donde podemos plantear nuevos puntos de vista, nuevos debates, nuevas visiones.”

FICHA TÉCNICA

Autor: Luis Cano

Dirección General: Laura Yusem

Fotografía: Marcela Gabbiani

Espacio escenográfico y vestuario: Laura Yusem

Diseño grafico: 3boxes

Diseño de iluminación: Marco Pastorino

Música original: Cecilia Candia

Elenco: Rafael Cejas, Nadia Dotta, Dante Iemma, Mauricio Méndez y  Paula Radovancich.

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