TEATRO: AÚN NO CONSIGO BESAR

“Lo primeo que siento de los demás es la mirada.”

Tras el inocente título de probable comedia romántica se esconde un texto que plantea cuestiones tan complejas como sutiles. Inspirado en un hecho real –el trasplante de rostro realizado en Francia a una mujer cuya cara había sido desgarrada a dentelladas por su perro-, el escritor y periodista  argentino, radicado en España, Diego Bagnera plantea un tour de force entre madre e hija en el que salen a la luz no solo la cuestión de la identidad o los conflictos afectivos, sino otros más inesperados como la dimensión de la culpa o la intervención de los mass media en la noticia.

Aun no consigo 3B

El motor dramático de Aún no consigo besar es la palabra; se trata de una de esas obras en la que el texto lo es todo, lo cual tiene sus ventajas y sus desventajas: por un lado, éste debe mantener el hilo con inteligencia y agilidad, siendo capaz de capturar la atención del espectador en todo momento, apuntalado, apenas, por algunos pocos sistemas sígnicos, en este caso, la luz y el movimiento escénico; por el otro, para que se sostenga, las actuaciones deben ser impecables. Ambos requisitos son cumplidos por esta puesta extremadamente austera de Heidi Steinhardt, quien apenas la vio en el circuito off madrileño decidió montarla, aunque con algunas adaptaciones a nuestro medio.

El disparador de la pieza y marco de la confesión de Isabelle, la mujer trasplantada, es su primera aparición en público, un público ávido de ver cómo quedó el rostro de la receptora tras la operación que la convirtió en “otra”. Un público que somos nosotros, los espectadores. En este sentido, es de suma importancia tanto el hecho de esta incorporación del espacio del auditorio a la ficción, como el hecho de que la mujer siempre esté de espalda, negándonos la visión deseada mientras desnuda descarnadamente otras heridas, las internas, propias y ajenas La postura, sin duda, constituye un desafío para la actriz a cargo de la interpretación (Estela Garelli) quien sale más que airosa del trance, haciendo jugar todas las modulaciones posibles de la voz y el lenguaje gestual para dar cuenta de un proceso interior fuerte en emociones.

Indudablemente el tema de la identidad es central en el texto de Bagnera, ya que se trata de un trasplante de rostro, quizás la parte de nuestro cuerpo más asociada con ella (imposible no recordar el film de Kim Ki-duc El tiempo, sobre esta cuestión): ¿Qué pasa con la mirada?, con la mirada que nos lanzan los otros, pero, sobre todo, con la que lanzamos nosotros sobre nosotros mismos. De allí que tengan su peso, también, otros personajes que coadyuvan a formar esa mirada: el médico y la psicóloga que la atienden, y el periodista que busca una exclusiva. Estos personajes contribuyen a dinamizar una pieza que, de lo contrario, sería demasiado estática.

Un texto para reflexionar sobre las posibilidades de superación personal -aún en las condiciones más adversas- y sobre los vínculos. Muy buen trabajo de Estela Garelli y Florencia Naftulewicz como madre e hija.

“Lo que me ha pasado

 me ha hecho ser como soy.

Lo que yo haya que me pase

 me hará ser como quiero ser.”

FICHA TÉCNICA

Dramaturgia: Diego Bagnera

Adaptación, Dirección y Diseño de vestuario: Heidi Steinhardt

Colaboración en versión argentina: Paula Fanelli y gustavo Maggi

Fotografía: Gustavo Maggi/ Javier Pistani

Diseño de iluminación: Christian Gadea y Lucía Feijoó

Realización de escenografía: Mario Sala

Elenco: Estela Garelli, Florencia Naftulewicz, Cristina Maresca, Guido Silvestein y Mario Sala.

Anuncios