CINE: LA ESPOSA PROMETIDA

Estreno 16/10/14

Por El espectador compulsivo

Un film sobre el amor y las relaciones familiares; sobre los vínculos en general en la comunidad judía jasídica, un ámbito novedoso para la mayoría de los espectadores y, por eso mismo, atrayente. Sin embargo, no es la posibilidad de satisfacer el deseo escópico en un terreno vedado lo que hace de esta historia intimista algo diferente, sino el acento que su realizadora y guionista, la directora judío ortodoxa Rama Burshtein, pone en las emociones contenidas, en las palabras no dichas, en los dolores y alegrías vividos con intensidad pero sin trazos gruesos. Es ese mundo interior potente que se asoma con elegancia y pudor en cada gesto el que hace de la película una rara avis en una cartelera demasiado propensa a los grandes espectáculos.

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Son otras las historias dramáticas a las que nos tiene acostumbrados el cine cuando de comunidades cerradas y costumbres férreas se trata: obligaciones detestadas, jóvenes que escapan o se sienten atrapados por una tradición a la que no adhieren por voluntad propia, mayores que se imponen a cualquier costo. Nada de eso hay en La esposa prometida, sino más bien conflictos interiores en relación a lo que cada uno experimenta como deber o como sentimiento, como deseo o como culpa, y los posibles conflictos entre ambos.(1)

Una joven es presionada por su madre para que se case con el viudo de su hermana mayor, muerta recientemente al dar a luz. La madre piensa que es la única forma de retener al niño, que de otra forma viajaría a Bélgica con su padre para formar una nueva familia. Siente que no podría soportar otra pérdida y desea conservarlo en el entorno familiar. La joven gusta de otro muchacho, con el cual están a punto de comprometerla; otro al que apenas conoce de lejos gracias a una visita conjunta al supermercado, arreglada convenientemente.  Existe el problema de la edad –ella tiene apenas dieciocho, él ya es un hombre-, del vínculo –él fue esposo de su hermana-, de los renunciamientos a los que ella se vería obligada y de las certezas que no tiene. Claro que esta historia, central en el relato, no es la única que asoma, sino muchas otras relacionadas con las costumbres de la comunidad y, específicamente, con el tema del matrimonio. El viudo, la solterona, el que tiene una esposa enferma o la que nunca es elegida para formar pareja, son algunos de los personajes que Burshtein trae de sesgo al relato, con apenas algunas pinceladas, pero siempre con la profundidad del buen observador, la mirada sagaz del que renuncia al estereotipo y se arriesga.

Sin música extra diegética, con tomas largas, repetidos primeros planos y una luminosidad que busca resaltar la belleza, la directora va construyendo un relato por momentos denso, pero siempre atrapante. Seguramente ciertas pautas que el film da por supuestas resulten extrañas al espectador ajeno a la tradición –la mayoría del público en estas latitudes-, como algunas imposiciones en relación al contacto entre varones o mujeres, o los espacios secundarios destinados a éstas, o la preocupación que muestran todos por el matrimonio como pilar de la vida familiar sin el cual se está destinado al fracaso, pero aun así lo medular del film es universal: el amor, la lealtad para con la familia, la incertidumbre frente a una decisión fundamental. Y, en cuanto a esto, nadie puede sentirse ajeno.

Muy buenas actuaciones, en especial de Hadas Yaron en el papel de Shira.

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TAILER

FICHA TÉCNICA

La esposa prometida (Fill de Void, Israel, 2012)

Guión y dirección:  Rama Burshtein

Música: Yitzhak Azulay

Dirección de Fotografía: Asaf Sudry

Montaje:  Sharon Elovic

Elenco: Hadas Yaron, Yiftack Klein, Chaim Sharir, Ido Samuel, Irit Sheleg, Hila Feldman.

Duración: 90 minutos


SOBRE LA DIRECTORA

Rama Burshtein nació en Nueva York en 1967. Se graduó en la Escuela de Cine y Televisión Sam Spiegel en Jerusalen en 1994. Durante esos años, se convirtió en profundamente religiosa y tras su graduación se dedicó a promover el cine como un arma de expresión propia en la comunidad ortodoxa. Sin embargo, a diferencia de este, su primer largometraje de difusión masiva, esas películas eran solo de mujeres y para mujeres. La esposa prometida, primer film dirigido por una mujer judía ortodoxa, significó el desafío no solo de llevar a la pantalla el mundo propio de esa comunidad, sino el más personal de trabajar en una cercanía inusual con profesionales hombres.

Dijo Rama acerca de su obra: “Mi trabajo siempre se ha centrado en las relaciones entre hombres y mujeres. Los matrimonios nunca son obligatorios en el judaísmo. En el mundo jasídico, en el que se ambienta el film, los padres organizan propuestas de matrimonio a sus hijos, pero incluso así la joven pareja debe dar su acuerdo. Mientras charlaba con alguien en la boda de la hija de una amiga, una joven que no tendría más de dieciocho años se acercó a nuestra mesa. Llevaba un reloj de oro, pendientes de diamantes y un anillo con una gema, todo ello indicación clara de que estaba prometida. Mi amiga le felicitó con cordialidad, pero había algo extraño en su conversación. Cuando se marchó, mi amiga me dijo que aquella bonita joven estaba prometida, desde hace un mes, con el marido de su difunta hermana.Era todo lo que necesitaba para que mi imaginación comenzara a funcionar y, tras dejar la idea reposar en mi cabeza, terminé por desarrollar el argumento de La esposa prometida

(1) En concordancia con esto el film tiene casi nulas referencias al afuera. Si quitásemos los celulares y el moderno supermeracado, apenas habría marcas de época. Casi toda la acción se desarrolla en interiores.

 

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