TEATRO: TERRENAL, de Mauricio Kartun

No olvides que es comedia nuestra vida

y teatro de farsa el mundo todo

que muda el aparato por instantes

y que todos en él somos farsantes:

acuérdate que Dios, de esta comedia

de argumento tan grande y tan difuso,

es autor que la hizo y la compuso.”

Epicteto, Enquiridión (traducción de Quevedo)

Caín y Abel: la tragedia filial, la confrontación primera, un mito devenido proto-historia y la antinomia que genera todas las demás. Mauricio Kartun, en la cumbre de su talento como dramaturgo, recurre al intertexto bíblico -como lo hiciera en Salomé de chacra [1]– para hurgar en las bases de la sociedad capitalista y aún ir más allá, explorando sus raíces filosóficas, religiosas, morales, todo bajo la atenta mirada de tatita Dios. Theatrum mundi? No, apenas un tabladito de balneario, un varieté cuyos números -brillantes pero profundos- sabe montar a la perfección el maestro de la palabra (en este caso Kartun, y no Dios). Poética y divertida, reflexiva y lúdica, Terrenal es una obra que tiene varias alternativas de lectura; una de esas piezas cuyo planteo central abre innumerables cuestiones y que, sin embargo, es factible de ser transitada solo por encima, obviando cualquier hondura, e igual ser objeto de un intenso deleite.

Terrenal 3

Caín y Abel viven en el conurbano rural en un pequeño terrenito, y aquí se funda el primer juego de palabras, el del título, porque éste puede apuntar tanto a los asuntos mundanos en oposición a los celestiales, como hacer referencia, en forma mucho más prosaica, a una simple disputa por la posesión de las tierras -lo cual, si vamos al caso, también sería “terrenal” en el primer sentido-. Estamos en el universo kartuniano y en él hay que prestar especial atención a las palabras. Cada una es una joya y ha sido elegida cuidadosamente, pero no se nota el esfuerzo y salen de la boca de los actores –tres “monstruos” del oficio- festivas, certeras, fluyendo despreocupadas en busca de su efecto. El lenguaje en su máxima expresión; ese que despliega el abanico del sentido y deslumbra con sus formas y colores.

Caín y Abel esperan el regreso de tatita Dios infructuosamente desde hace veinte años, allí donde Él los dejó, en medio de un loteo que no prosperó, pequeños hacendados de la nada. Caín es productor morronero y trabaja incansablemente para acumular su “capitalito” (hay en los textos de Kartun diminutivos cuyo uso es una delicia), a Abel le gusta vagabundear y solo vende carnada viva los domingos en una banquina de la ruta que va al Tigris. Todo en ellos es opuesto, pero no se trata de cualquier oposición sino de las disyuntivas fundamentales: ocio o negocio, nomadismo o sedentarismo, acumulación o libre disfrute.

A pesar del comienzo aparentemente beckettiano, aquí el camino no es abstracto ni vacilante y apunta explícitamente al corazón del sistema, el económico y el de pensamiento. Kartun aprovecha la historia de Caín, inventor de los pesos y medidas y constructor de grandes ciudades amuralladas, y tensa la confrontación al máximo, tomando como fuente tanto la historia bíblica como los personajes del varieté y del circo que tanto le gusta frecuentar. Una cruza guiada por la idea del gran Theatrum mundi, pero en versión “berreta”, raída como los telones del escenario que monta para una historia con referencias políticas que nos atañen en forma directa.

Un texto hermoso, profundo, liviano, juguetón; una puesta en escena que explota los contrastes (de luces, de colores, de tonos) y actuaciones sencillamente maravillosas, se conjugan en una obra imperdible. Imperdible.

FUNCIONES: Viernes  21 hs, sábado 21.30 hs, domingo 20 hs. Teatro del Pueblo – Avda. Roque Saénz Peña 943 – C.A.B.A.

FICHA TÉCNICA

Dramaturgia y dirección: Mauricio Kartun

Escenografía y vestuario: Gabriela A. Fernández

Iluminación: Leandra Rodríguez

Diseño sonoro: Eliana Liuni

Fotografía: Malena Figó

Elenco:  Claudio Da Passano, Claudio Martínez Bel y Claudio Rissi.

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