TEATRO: REPORTAJE A MÓNICA MAFFIA, UNA MUJER DE TEATRO

Directora de Teatro y Ópera, traductora ampliamente reconocida por su labor, dramaturga y actriz, acaba de estrenar Sueños y Acantilados, de Alejandro Sly en el Espacio Cultural Pata de ganso.  Próxima a emprender una gira por toda España con su unipersonal shakespereano La violación de Lucrecia  (con el que ya lleva ocho años de trayectoria) se hará tiempo en su recorrido para dictar seminarios sobre Shakespeare en Madrid, Santander y Sevilla,  además de conferencias en la Universidad Complutense de Madrid. Diálogo con una mujer de teatro de deslumbrante creatividad.

 

EEC: Llevar un texto tan filosófico a escena  no es tarea fácil. ¿Cuáles crees que fueron los principales desafíos que tuviste que sortear para que una pieza por momentos tan abstracta pudiera llegar a ser entendida y disfrutada por el público?

MM: El gran desafío de llevar a escena Sueños y Acantilados fue el trabajo con los actores que tuvieron que sumergirse en las profundidades del pensamiento filosófico y el lenguaje poético del autor, para hacer suyas las vicisitudes de los personajes y poder naturalizar el virtuosismo retórico que caracteriza la obra, para reforzar el humor y la ironía que subyace en los textos. Tuve la suerte de dar con los actores ideales para este trabajo de laboratorio, trabajo que disfrutamos y a juzgar por la respuesta del público, dio resultado.

En cuanto a la puesta en sí, la meta era lograr un texto espectacular que facilitara la decodificación de qué situaciones son reales y cuáles son construcciones oníricas dado que en Sueños y Acantilados, más que acciones visibles, hay expansiones del espíritu.

 Una forma de resolver esto fue a través de un sencillo pero claro código visual. La plástica escénica con una paleta de colores que se manifiesta en la escenografía, la iluminación, la caracterización y el vestuario, obedece a criterios que, si bien sostienen el juego de equívocos que plantea el texto, ubican con claridad al espectador en las peripecias de los personajes.

La pregunta clave, puesto que en el texto no casi no hay didascalias, fue: ¿cómo lograr que  se vean los movimientos del alma? A través del trabajo que hicimos con los actores para darle carnadura a estas situaciones, empezó a fluir el texto íntimamente ligado a las acciones que íbamos creando. Nos reíamos y nos emocionábamos en los ensayos, así que lo tomamos como una excelente señal.  

 

EEC: Vos decís que la intención de la puesta en escena fue ubicar al espectador con claridad en las peripecias de los personajes. Pasada la primera función y en vistas a la reacción del público, ¿crées que ese objetivo se logró?  Te lo pregunto porque una cosa es leer varias veces un texto y analizarlo, y otra escucharlo de boca de los actores.

MM: Siempre tuvimos en cuenta la importancia de que el espectador disfrute el espectáculo que ofrecemos y para eso debe poder entender la obra en esa única y preciosa oportunidad que es la función. Después de poder testear dos veces la recepción puedo decir que sí, que se logró el objetivo deseado. La primera vez que pudimos comprobarlo fue con una de las primeras pasadas completas de la obra que hicimos con la gente de prensa no en el teatro sino en una sala de ensayo, o sea que no había vestuario, ni  escenografía, ni el apoyo del lenguaje subliminal que son las luces y la música y, aun así, se pudo seguir con claridad el argumento.  Ese fue el primer test en el que comprobamos que, al tener claro los actores lo que viven sus personajes, lo que sufren y lo que quieren, el mensaje llegaba con claridad.  El segundo test fue probar todo esto frente al público y con todos los lenguajes del espectáculo, y creo que el público acompañó cada instancia. Muchas personas se quedaron a compartir sus reflexiones y varios dijeron que les daban ganas de volver a verlo.

 

EEC: ¿Por qué elegiste esta pieza de Sly? ¿Hubo que hacer alguna adaptación al texto como originalmente lo había pensado el autor?

MM: Lo cierto es que fue el autor quien me convocó a mí.  Alejandro sabía que yo había llevado a escena textos filosóficos no teatrales como fueron los discursos pre-socráticos que presenté en la instalación de Marta Minujín – el Agora de la Paz– donde fui directora artística de las Performances Filosóficas, o El Banquete de Platón que hice con mi Grupo de Teatro FyL (Filosofía y Letras) cuyo tráiler de dos minutos ya tiene más de 23000 visitas.

Sentí que tenía que dar lo mejor de mí para sacar adelante su proyecto por dos razones; por un lado,  era un acto de  confianza de su parte darme su primera obra y yo debía responder como corresponde, y, por otro lado, me conmovió profundamente que su principal motivación al escribir Sueños y Acantilados, fuera homenajear la memoria de su abuela. Eso resultó un valor agregado a la propuesta y claro, al leerlo acepté encantada. 

El texto era mucho más extenso y llegaba a niveles de abstracción que iban a resultar muy difíciles de seguir en un solo espectáculo, así que le pedí que se tomara el tiempo y lo redujera a la mitad. Son momentos de duelo para un autor, pero al hacerlo encontró una forma que resultó más creativa y que le permitió reelaborar el material que no quedó en Sueños y Acantilados, en una nueva obra que aún o tiene nombre.

 

EEC: Tu formación es impresionante e incluye prestigiosas instituciones del exterior. Si tuvieras que remarcar algunos hitos en el recorrido ¿qué experiencias destacarías?

MM: Antes de dedicarme al teatro mi pasión era la música.  Tuve la suerte de tener como maestros a  grandes concertistas de piano: en Argentina, mi maestro fue Antonio de Raco, de quien aprendí no sólo técnica sino el pensamiento detrás de la música, y en Inglaterra a Louis Kentner, un músico húngaro extremadamente virtuoso, que fue quien estrenó mundialmente el primer concierto para piano y orquesta de Bela Bartok.  Era además el cuñado de Yehudi Menuhin y tenían un conservatorio juntos, pero yo iba a su casa a tomar clases particulares.

 En cuanto a mi trabajo como actriz, sentí que crecí muchísimo al interpretar en Londres el rol de Medea, en una bellísima traducción al inglés -en verso- de Rex Warner y con una especialista en Estudios Clásicos que nos asesoraba sobre modos del teatro griego, sutilezas del texto y otros aspectos que enriquecen una interpretación.Allí empecé a entusiasmarme con la cuestión comparatística de la sonoridad del idioma original y qué queda de eso en la traducción. Ya para ese entonces sentía una especial fascinación por visitar la Piedra Rosetta una y otra vez en el Museo Británico. Me atraía ver juntos esos tres idiomas, los caracteres jeroglíficos, demóticos y del griego antiguo, el misterio de su decodificación, el logro de Champollion.  Creo que esos fueron los estímulos que me impulsaron a apreciar los textos en sus idiomas originales y hacer mis propias traducciones.  Vinculado a esto, no puedo dejar de señalar como central en mi vida, el haber hecho la primera traducción mundial al castellano de Dido, la reina de Cartago de Marlowe y la primera traducción latinoamericana de Eduardo III de Shakepeare que se incorporó al canon en 2005[1].

 Lograr una licenciatura con honores por la Middlesex University fue también un hito en mi vida, así como el título de Régisseuse otorgado por el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. En cuanto a la dirección, haber tenido dos oportunidades de dirigir La Flauta Mágica de Mozart con diferentes elencos y diferentes directores de orquesta, y estudiar la partitura para ver cómo lo musical juega íntimamente con el texto en alemán, me abrió un horizonte importante. En docencia, tengo la felicidad de cumplir este año 13 años de labor como fundadora y directora del Grupo de Teatro FyL (Filosofía y Letras – UBA)

 

EEC: ¿Cómo conjugas en tu profesión el aspecto académico con el quehacer teatral propiamente dicho?

MM: Le dedico bastante tiempo al trabajo de investigación previo a traducir una obra o llevarla a escena.  Me entusiasma el trabajo de bucear entre líneas; al sumergirme en ese mundo empiezan a surgir asociaciones de temas y aparecer las imágenes que después vuelco en mis montajes.  Por lo general, cuando voy al exterior por una actividad académica (para dictar un seminario o presentar un libro), realizo también una actividad artística y viceversa.  El año pasado me invitaron del University College London para dar la conferencia de cierre de un congreso internacional sobre los griegos y los romanos en la escena latinoamericana. Había académicos de 40 universidades de distintos países pero les interesaba especialmente esa conjunción de teoría y práctica del teatro, la consolidación del trabajo de investigación en una puesta en escena, asomarse al proceso creativo y ver cómo se pasa de la teoría a la práctica; cómo los conceptos se hacían visibles en los bocetos y cómo esos bocetos se transformaban en vestuario o escenografía para volverse vivos con el uso que de ellos hacen los actores.

 

EEC: ¿Qué significaron los premios en tu carrera?

MM: Un reconocimiento de que estamos en la buena senda, un estímulo para seguir trabajando.

 

EEC: Dirigiste obras de Shakespeare, Esquilo, Molière, Strindberg, Berkoff y Pinter, Se nota que los clásicos son una constante. ¿A qué se debe?

Me atrae la riqueza de ideas que tienen estos autores, el lenguaje simbólico, la alta poesía, son obras que aunque uno las lea  varias veces, siempre tienen algo más para ofrecer; que si bien fueron escritas tomando hechos del pasado, dirigían un mensaje a sus contemporáneos. Este fenómeno se va actualizando en cada generación por eso, siendo textos antiguos,  siempre nos hablan de nuestro presente. Es muy importante transitarlos, actualizar criterios, mantenerlos vibrantes a través de nuevas puestas en escena, nuevas traducciones, nuevas ediciones, porque nos ayudan a reflexionar, acrecer, a ser mejores.

 

EEC ¿Cuáles son los proyectos que están esperando de algún modo “en carpeta” para su realización?

MM: Mi proyecto inmediato es viajar a Madrid para dirigir una obra de mi autoría: La urdimbre y la trama, que espero en algún momento poder representar también en Argentina. A mi regreso, me pondré a trabajar urgentemente en la reposición de Dido, reina de Cartago, de Marlowe, que irá los lunes a las 21hs en el Teatro El Cubo, a partir de junio.

Al margen, estoy trabajando en la traducción y notas de una obra de Shakespeare que se publicará en Chile y que, además, reelaboraré para la escena en una versión reducida que espero dirigir este año. En cuestiones dramatúrgicas, pronto me pondré a trabajar en dos obras encargadas por actores mexicanos y peruanos, un unipersonal y una obra para dos actores.

Como actriz, vuelvo con La violación de Lucrecia en inglés en el Teatro BAC, a partir de mayo, y como régisseuse haré el montaje de una obra medieval italiana que se titula Il Festino con el coro de la Facultad de Filosofía y Letras, con quienes presenté el año pasado Carmina Burana

¿Cómo me gustaría que siga mi carrera? Escribiendo, dirigiendo, actuando pero quizás con más facilidades tanto para que los artistas podamos concretar estas tareas como para que el público pueda acceder a ellas.

SUEÑOS Y ACANTILADOSSábados 20:30 horas –Espacio Cultural Pata de Ganso- Pasaje Zelaya 3122 (Abasto)

[1] NdelE: Ha recibido por sus traducciones múltiples premios.

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