CINE: GOODNIGHT MOMMY (BAFICI 7)

LOS TRUCOS DE SIEMPRE PERO USADOS MAGISTRALMENTE

Un extraño en la casa (en este caso la madre, luego de una operación que le ha desfigurado el rostro), una enorme vivienda en las afueras, dos hermanos gemelos idénticos…  clásicos del género que el film de Veronika Franz y Severin Fiala explota al máximo en un guión sin duda excepcional. Un thriller truculento (están avisados) que conmueve y amedrenta, no dejando un instante de crear tensión hasta el final, con un desenlace que no por ser sumamente coherente deja de sorprender. Un relato redondo para una película que se mete de lleno en el horror, sin escatimar violencia explícita alguna. Desde ya, los espectadores impresionables deberán abstenerse: los guionistas han hecho de la tortura un arte y la película crece momento a momento en este sentido.

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El film comienza con la famosa familia Von Trap, algo así como el símbolo austríaco del candor y la unión familiar, cantando todos juntos para concluir con un fuerte abrazo final. Casi enseguida, esta imagen idílica -reforzada por las de una casa igualmente idílica (aunque fría en su amoblamiento y decoración) y una relación entre hermanos que se desenvuelve con la máxima armonía, entre juegos al calor del verano- se irá trastocando. A decir verdad, aunque paulatinamente se va agigantando, hay ya inquietud desde estos planos iniciales en los que los niños juegan en un maizal, escondiéndose entre los tallos, persiguiéndose uno a otro, un rostro cubierto por una máscara cacera que luego irá cobrando su verdadera dimensión.

Obra de contrastes, Goodnight Mommy, manipula al público con pincel grueso pero, aún así, con sutileza. Un mundo cerrado, amenazante, convertido en una trampa macabra. Solo después se entenderá completamente los por qués. Y tendrán una lógica implacable.

cinco ojos

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