TEATRO: UN JUDÍO COMÚN Y CORRIENTE

Profunda reflexión acerca del ser judío, el texto de Charles Lewinsky (Zürich, Suiza, 1946) tiene el enorme mérito de haber abordado la temática dejando de lado cualquier estereotipo, toda generalidad, para adentrarse en la historia de un judío y a través de ese camino particular ir atravesando las principales cuestiones que les conciernen de algún modo a todos, aún aquellas más personales pero que, sin embargo, llevan su sello indeleble: desde la gravitación de la religión y la Historia en la vida de todos los días, hasta el Holocausto, ese hito en su devenir como pueblo que no solo arrasó con miles y miles de mujeres y de hombres, sino que marcó a todas las generaciones que lo sucedieron. Pensar qué es ser un judío hoy es un desafío intelectual al que Lewinsky no rehuye pero que, sabedor de los resortes del teatro, no vuelve árido ni abstracto; y así Un judío común y corriente nos presenta fundamentalmente un hombre: Emanuel “Manu” Goldford, judío alemán que vive en Alemania.

UN JUDÍO

Emanuel Goldford, prestigioso periodista, ha sido convocado –a través de un mensaje telefónico- a presentarse en una escuela secundaria ante alumnos de ciencias sociales que acaban de estudiar el nazismo y quieren conocer «un judío». Decidido a contestar que no, y un poco molesto por los términos, aparentemente inofensivos, con el que se lo convoca (“un miembro de su comunidad religiosa», “un ciudadano judío”), comienza una larga carta de rechazo, cuyo borrador, registrado en su pequeña grabadora, se convierte en el extenso monólogo que da forma a la pieza.  Esta justificación absolutamente “realista” del por qué está hablando solo da pie a un clima intimista que, no obstante, supone la cuarta pared, algo a destacar si tenemos en cuenta la cercanía del público que la sala propone y la tensión de su discurso. Por otro lado, la construcción de un interlocutor ajeno a la problemática religiosa específica, pero no ajeno a la Historia de su pueblo, permite desarrollar los temas teniendo en cuenta una doble mirada: la propia y la del otro, que la obra se encarga de deconstruir. El texto dramático desarrolla una muy buena argumentación, sobre todo en la primera parte -que es la más especulativa- bien encadenada y sin eludir lo políticamente incorrecto. Tras el puntapié inicial, el tono se vuelve más personal, acercándose a la confesión sin por eso alejarse de la cuestión principal.

La puesta de Manuel González Gil da cabida a todas las aristas del texto, potenciando los momentos de mayor tensión dramática, pero también dando lugar a la ternura y el humor. En este sentido, es de recalcar el modo en que son construidas las elipsis y las transiciones a través de la luz y los distintos espacios actitudinales. Por supuesto, nada de esto sería posible sin una actuación excepcional como la de Gerardo Romano. No es extraño que varios actores antes de él rechazaran el desafío de interpretar a Goldford: la pequeña sala del Maipo posibilita un contacto muy íntimo entre público e intérprete, uno en el que la verdad de la escena o su falta se hace patente. El espectador percibe cada gesto, cada duda, cualquier matiz en los tonos. Se necesita tener una gran capacidad actoral para poder interpretar un personaje con tantas facetas y desnudarlas en el escenario, trasuntando todo lo que está en juego: lo emotivo y lo intelectual, los recuerdos y el presente, su propia historia y la familiar. Y también un físico privilegiado que permita el desgaste que demandan los ochenta minutos en el escenario.

Un texto interesante, una dirección precisa y una magnífica actuación no pueden menos que dar por resultado un excelente espectáculo. Una de esas oportunidades en que las cuestiones fundamentales pueden ser abordadas desde lo teatral sin concesiones pero, también, sin falsas solemnidades.

FUNCIONES:  jueves, viernes y sábados a las 20 hs.  y domingos a las 19 horas, en Maipo Kabaret, Esmeralda 443 – CABA

FICHA TÉCNICA

Dramaturgia: Charles Lewinsky

Versión en español: Lázaro Droznes

Actuación: Gerardo Romano

Dirección: Manuel González Gil

Música original: Martín Bianchedi

Diseño de escenografía y vestuario: Marcelo Valiente

Asistente de dirección: Rubén Cuello