TEATRO: LA SIRENA, de Luis Cano

“Y la llevaron sobre el agua como una sirena

mientras cantaba partes de canciones viejas.”

W. Shakespeare

La nostalgia y el mar son recurrentes en la obra de Luis Cano, aunque en cada caso presenten un color y un fondo totalmente distintos. En La sirena tienen un papel central: el mar que lleva y trae los despojos a las playas; el mar mítico de las sirenas, que cantan y encantan; el mar y la costa con sus historias de marineros y prostitutas. Y la nostalgia, nostalgia de un pasado más diáfano, más fácil, que quizás fue posible o, tal vez, estuvo perdido desde siempre.  Dolorosa y triste como una vieja melodía cantada con voz titubeante en un bar de mala muerte, una noche nebulosa.

la sirena 2

“Una historia por una bebida”, parece ser un negocio aceptable para la mujer que llega sedienta y temblando a una taberna de la zona portuaria por la que deambula. Quizás sea mejor que las transacciones a las que está acostumbrada: sexo por dinero; aunque, seguramente, más penoso sea recordar. El público -dividido en “marineros” y “confidentes”- escucha de boca de la propia protagonista aquello que la ha convertido en esto que es: una mujer que arrastra las piernas, o una sirena anclada en tierra, según quieran ver.

Mucho más lineal que la mayoría de sus piezas, en La sirena Cano ahonda en el drama del abuso, desandando el camino del candor al ultraje con la fuerza de la primera persona. Más allá del muy buen trabajo de Monina Bonelli en la piel de Nina, la clave de la obra está en su deslumbrante –y, sin embargo, minimalista-  puesta en escena. Como en una isla, a la que la mujer ha llegado traída por el mar, todo se desarrolla en una tarima circular con un banquito y un telón, un dispositivo móvil en medio de la anchura del espacio escénico del que el director saca el mejor partido, dotando de sentido cada transformación.  La permanente música de un piano –ejecutado en vivo por la compositora Ana Foutel (con disfraz de varón, como una pantomima o un cliché)- da a la atmósfera ese aire enrarecido de bar, a la vez que sirve de subrayado o contrapunto de lo que sucede en escena.

Mujer-sirena, víctima y victimario a la vez, la historia de Nina “navega a dos aguas” entre la realidad más brutal y la leyendas de alta mar, aquellas en las que cuentan que un monstruo con forma de mujer enamora con su voz a los marineros que las surcan. Y luego los matan.

FUNCIONES Lunes  20:30 hs  – TEATRO EL EXTRANJERO – Valentín Gómez 3378 – CABA

Hasta el 23/11/2015

 

FICHA TÉCNICA

Dramaturgia y dirección: Luis Cano
Actriz: Monina Bonelli
Pianista: Ana Foutel
Escenografía y vestuario: Rodrigo González Garillo
Iluminación: Julio Alejandro López
Música original: Ana Foutel
Pintura del telón: Margarita López Doufour
Fotografía: Marcelo Zappoli
Piezas gráficas: Lucía Vanin

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