TEATRO: LA PILARCITA

UNA MIRADA SOBRE LA VIDA PUEBLERINA PLENA DE HUMOR Y TERNURA

Rehuyendo cualquier estereotipo simplón, con minuciosidad de retratista pero, también, con una inmensa ternura hacia sus personajes y el universo que habitan, María Marull se adentra en un mundo solo en apariencia simple: el de La Pilarcita, un lugar con sus costumbres y sus credos, sus rituales y sus sueños; un enjambre de emociones y anhelos que ella –la autora- pondrá de manifiesto de a poquito, con cierta ironía que puede llegar a despertar la carcajada, pero que nunca cae en el trazo grueso ni se tiñe de amargura. Con un lejano resabio a la liturgia de su maestro, Mauricio Kartun, en Salomé de Chacra, pero en un registro absolutamente diverso, la dramaturga y directora rosarina le hace honor con una de las mejores obras de la temporada.

la pilarcita

En medio del agobiante calor del verano en el litoral, el pueblo de La Pilarcita se apresta para los festejos más tradicionales del lugar: la celebración de su Santita, la niña que ha muerto en las cercanías y ahora hace milagros a quienes le rinden tributo con una muñeca. En una modesta hostería tres jóvenes se aprestan para participar en los festejos: Celina, la hija de los dueños, que estudia para los exámenes de medicina mientras atiende a los únicos huéspedes que albergan, una pareja que ha llegado de Santa Fé y que apenas sale del cuarto; su amiga Celeste, quien la ayuda en la tarea de atender el hotelito mientras se dedica a coser con esmero su traje para la comparsa, y su hermano que ya abandonó el pueblo pero regresó para participar del concurso de Compuesto.  A ese entorno festivo y propicio a los milagros se irá incorporando Selva, la mujer que acompaña al hombre misterioso que no deja su encierro. Cada uno tiene sus motivos para estar allí, y sus aspiraciones. Se trata de un mundo pintado con trazos “chiquitos”, con sus momentos brillantes y sus pasajes oscuros, y en cada uno encontrará el espectador la belleza de lo que se muestra con simpleza y, sin embargo, es complejo (¡qué más complejo que los sentimientos!). Una belleza que la escenografía de Alicia Leloutre y José Escobar, y las luces de Matías Sendon potencian, logrando climas verdaderamente intensos como el de la noche de la vigilia. La resolución final proporciona una clausura quizás demasiado sucinta, aclarando el destino de cada personaje, pero no parece un defecto, sino solo la prueba de que el nudo dramático pasa por otro lado.

Excelentes actuaciones de Paula Grinszpan y, sobre todo, Lucía Maciel, almas de este relato,  sin cuyo talento la obra perdería, paradojalmente, gran parte de su carnadura.

FICHA TÉCNICA:

Dramaturgi y Dirección: María Marull

Vestuario Jam Monti

Diseño de espacio: José Escobar y Alicia Leloutre

Música: Julián Kartun/ Letra: María Marull

Fotografía: Sebastián Arpesella

Luces: Matías Sendon

Elenco: Paula Grinszpan, Lucía Maciel, Luz Palazón y Juan Grandinetti.

Prensa: Carolina Alfonso

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