LO QUE DEJA LA NAVIDAD

Quizás porque se termina el año y uno es prolijo a la hora de hacer balances; tal vez porque las fiestas son una ocasión propicia para el reencuentro con los afectos -los de siempre y esos que, por una u otra razón, están distantes-; lo cierto es que esta época predispone a la reflexión y los buenos deseos.  El mundo parece ensancharse y, a la vez, hacerse más pequeño, más próximo. Todo nos concierne con otra profundidad  y disfrutamos más a conciencia el compartir.

Por eso hoy quiero contarles algo personal, un hecho pequeño que me conmovió intensamente: ayer recibí saludos navideños desde Estambul. Alguien, un guía musulmán a quien conocí circunstancialmente durante un tour por su país, me escribió para desearme  felices fiestas, justo el día veinticuatro. Se acordó y me dedicó tiempo, a mí, alguien con quien había compartido doce días pero no había establecido una relación en apariencia demasiado personal. Alguien con quien solo cruzó una vez correspondencia. Firma sus buenos deseos “con afecto” y es exactamente lo que siento.

Las pocas líneas no solo me produjeron una enorme alegría, sino que trajeron una vez más a mi memoria la última noche en Turquía. Fue en Esminra. Al día siguiente cada uno seguiría su propio camino así que unos pocos decidimos tomar una copa juntos para, de algún modo, celebrar el tiempo de convivencia. Éramos cuatro argentinos, dos colombianas, Hasan, el guía, y Ergün, el chofer. Tomamos unas cervezas y caminamos por la costa, mirando el Egeo.  La noche estaba plácida y el mar muy oscuro. Me impresionó el color. Hacia la medianoche volvimos caminando al hotel, charlando en grupitos o simplemente callados. Ergün no sabía una palabra de castellano pero igual se integró y fue uno más. Del otro lado de un parque nos dijeron que había refugiados, pero no los vimos. Todo parecía tan tranquilo… La costa estaba llena de jóvenes y había música…

Al día siguiente cada uno partió hacia su destino. Yo llegué a ChÍos donde tuve mi primer real encuentro con esos cientos de inmigrantes que buscan entrar a Europa a través de Grecia huyendo de la guerra. Allí, en un ferry sobrecargado, volví a confirmar que las diferencias idiomáticas no son un obstáculo: la comunicación siempre va más allá cuando está en juego lo verdaderamente humano.

Muy poco después fue el atentado en Ankara, y las elecciones allí y después aquí, el incidente con el avión ruso, la violencia desatada; más y más barcazas hundidas en ese mismo mar oscuro que observé aquella noche. Lugares y conflictos que para mí ahora tenían rasgos y nombres precisos. Aquella noche, aquella posibilidad de entendernos y compartir más allá de las palabras, de disfrutar con placidez una de las últimas noches veraniegas, había quedado definitivamente atrás. Quizás con el tiempo, todo hubiera vuelto a ser absolutamente ajeno, lo otro sin atenuantes.

Pero ahí esta la carta, cruzando el mundo virtual de punta a punta, en una fecha especial para la cristiandad. Ahí está la carta, breve pero tendiendo puentes. Y, entonces, entendernos, nosotros que no somos los que tiramos bombas, ni cerramos fronteras, ni tomamos decisiones a alto nivel, nosotros, los simples ciudadanos del planeta, vuelve a ser posible  más allá de cualquier discrepancia. Y es ese sentimiento fuerte, esa renovada convicción,  lo quería compartir con ustedes hoy.

FELIZ NAVIDAD!arbol_navidad

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