TEATRO: WALTER HECHO PEDAZOS

UN HOMENAJE TEÑIDO DE NOSTALGIA

Presentado como “un pastiche tragicómico”, esta especie de rompecabezas a medio armar de la mítica figura de Batato Barea -quien fuera el símbolo del under durante los ’80 y, después de su prematura muerte en 1991, un verdadero mito- Walter hecho pedazos da cuenta de la complejidad de su vida y de su obra a través de fragmentos que son como retazos de todo aquello que lo define: clown-travesti-literario, como le gustaba caracterizarse, venido del interior para ser actor, cargando a cuestas varias tragedias (entre ellas la muerte de su hermano, cuando él era muy joven), exuberante y transgresor. Un hombre que le dio al teatro todo su arte en unos pocos e intensos años en los que pasó por un puñado de grupos hasta llegar a presentarse solo, tan solo como lo muestra la pieza de Facundo Zilberberg que rescata lo fundamental del trayecto con un admirable poder de condensación.

walter hecho...

 “Siempre busco trabajar con algo que me conmueva, cosas que tengan que ver con la vida, en el sentido de lo vital, como las clases de clown, la murga, las clases de danza, todo un mundo de diversión. Por eso, yo pienso que todo teatro tiene que ser una fiesta”, decía Batato, y algo de eso hay en el espectáculo, pero, también hay una gran soledad de la que, asimismo, da cuenta el preciso texto de Zilberberg, con dirección de Gabriel Wolf. Fue justamente a Wolf, otro de los protagonistas de esa época de florecimiento del under, integrante de Los Macocos, a quien se le ocurrió la idea de llevar a escena a Salvador Walter Barea, tal el nombre completo de quien se conociera como Batato, y de ahí, también, el título de la obra.

El punto de partida es una peluquería donde Walter atiende al público entre el recitado de poemas de Alejandra Pizarnik y una lucha sin descanso contra las cucarachas, una de sus obsesiones. Este inicio que lo pone en escena antes de cualquier transformación, de cualquier recuerdo, es, quizás, la parte más débil del espectáculo, ya que resulta menos significativa -para quienes no están al tanto de los pormenores de su vida- que el resto de la pieza, que crece, a partir de allí, exponencialmente.

Gracias al indudable talento de Pablo Palavecino, el protagonista, el arte transgresor de Batato aparece en toda su magnitud: mezcla de circo y varieté, de parodia camp[1], de travestismo festivo, locura y poesía. Un arte que abreva en géneros teatrales que Kartun llama “ínfimos” -en contraposición a los tradicionalmente catalogados  “menores”- como los recitales de poesía y la cultura popular en general. Algunos de sus números son recreados en el espectáculo: las interacciones con el público, la nariz de payaso o el disfraz, el baile sensual en solitario.

Hay también una excelente ambientación de época, especialmente significativa en tanto no pretende una reconstrucción sino una atmósfera nostálgica y cambios rápidos en la escena con pocos elementos. La música proveniente de un casete reproducido en vivo y las latas de galletitas obran en este sentido.

Mención aparte merece el muñeco, hecho de bolsas de nylon, negras en su mayoría, que el protagonista a veces arrastra como un lastre y, otras, le sirve de compañía. Su diseño, obra de Gerardo Porión,  lo hace especialmente significativo, una especie de fantasma, un muerto, pero también, ocasionalmente, la madre, un amor o su hermano. Su rol en la pieza es fundamental.

 

FICHA TÉCNICA

Dramaturgia: Facundo Zilberberg

Dirección: Gabriel Wolf

Actúa: Pablo Palavecino

Escenografía: Vanesa Yael Abramovich

Iluminación: Leandra Rodríguez

Diseño y realización de títeres: Gerardo Porión

Realización de vestuario: Analía Morales

Fotografía: Leandro Allochis

Asistencia de dirección: Darío López

La obra está basada en tres libros vinculados a la vida de Batato: Te lo juro por Batato, del poeta Fernando Noy, Un pacto impostergable, una biografía escrita por su madre a pedido del artista, y Batato Barea y el Nuevo Teatro, del escritor Jorge Dubatti.

[1] El término pertenece a Susan Sontag y se refiere al gusto por el artificio deliberado y la exageración.

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