CINE: 16° FESTIVAL DE CINE ALEMÁN (II)

Con la proyección del film Yo y Kaminski, del talentoso realizador Wolfgang Becker (Good Bye, Lenin!) , se presentó formalmente el martes la muestra que comienza hoy e involucra films de muy diverso contenido y propuesta estética de la última producción germana. En esta edición, además, el voto del público contará con diversos premios, que incluyen el ya acostumbrado de Luftansa, más uno propuesto por Qubit tv consistente en dos meses de servicio gratuito, todo un aliciente para el público cinéfilo.

En cuanto al film de Becker, se trata de una propuesta muy interesante en cuanto a recursos cinematográficos, pero también en cuanto a los temas que aborda de un modo sutil y ágil, sin solemnidades, a pesar de reflexionar –siempre con un exquisito humor, una de las más destacadas cualidades del cineasta- sobre el arte o la vejez, temas que a menudo propenden a la grandilocuencia o el sentimentalismo fácil. Basado en la novela corta (o cuento largo) homónimo, el relato rescata la relación entre un pintor (falso, pero construido desde el comienzo del film como absolutamente real gracias a un prólogo en registro pseudo-documental) en el ocaso de su vida, ciego (¿?) desde su época de esplendor, pero ahora reducido a una senilidad en apariencia improductiva, y su posible biógrafo, el poco escrupuloso y decididamente pedante Sebastian Zöllner (Daniel Brühl).

AFICHE BASE 7 2 curvas

Anclado en los noventa, pero solo con marcas sutiles que permiten determinar la época –aparte, claro, de las edades de quienes tuvieron su apogeo en los ’60-, el relato avanza a través de la cercanía entre los dos personajes, buceando en la relación sin caer en los lugares comunes de la pareja de compañeros/amigos distintos obligados a la convivencia. Aunque el director apuesta a un público inteligente, no por ello hace un film “intelectual”, para entendidos, sino uno que se funda en los detalles y se toma su tiempo para plantearse con sutileza cuestiones como qué significa ser un gran artista, o la relación del arte con el mercado, siempre teniendo en mente que cada secuencia debe tener su atractivo para cualquier espectador, aún el neófito, y sin dejar de lado la faz emotiva o, mejor dicho, humana de la historia, aquella que le da carnadura e impulsa la narración más allá de las incógnitas que va planteando el film, como si Kaminski es realmente ciego o qué sucedió con ese gran amor de juventud. Se trata de una vida a explorar, esa es la tarea del biógrafo, y Becker saca el mejor partido de ella.

Finalmente, y más allá de todo, está esa belleza perdurable que puede anidar en una imagen o en un cuadro, y que el film logra capturar. Como muestra, ahí está la escena que recrea una de las obras de Kaminski, con su modelo varias décadas después en idéntica pose, o los créditos finales con su festín de pinturas. Una película imperdible.

CURIOSIDADES

La importancia que el director y co-guionista da a la figura del falso pintor y, sobre todo, a su producción, se hace evidente en el tiempo que dedicó a la preparación/creación de su obra pictórica, que comenzó dos años antes de realizarse efectivamente el film. Por otro lado, antes de su estreno se hizo una exposición “retrospectiva” de sus cuadros, como parte de la campaña publicitaria para la película. Claro que no se avisó, ni en la muestra, ni en principio en la conferencia de prensa que precedió a la presentación, que Kaminski no existió realmente, provocando reacciones varias tanto entre quienes visitaron la exposición como entre quienes acudieron a la entrevista “sin información previa” acerca del gran artista. Otra muestra del humor de Becker.

 

PARA VER PROGRAMACIÓN COMPLETA Y HORARIOS CLICKEAR AQUÍ

 

Anuncios