TEATRO: SANGRE, SUDOR Y SILICONAS

EL EXCESO SE APODERA DE LA ESCENA

Más en la línea de Conurbano I [i] que de La maestra serial [ii] o Deshonrada [iii], Gonzalo Demaría arremete con la obra de Shakespeare Tito Andrónico en una versión libre que recoge los elementos más truculentos –aquellos que escandalizaron a los para nada ingenuos espectadores de la época victoriana, momento en que se estrenó- y los potencia desde un texto que sale de la boca de sus protagonistas con la ductilidad del verso blanco, pero también con la fuerza revulsiva del vómito. Muy por encima de la sensibilidad del espectador promedio para asuntos escatológicos, SANGRE, SUDOR Y SILICONAS no es para cualquiera.

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La violencia extrema no es ajena a la tragedia original: en ella se cuentan catorce asesinatos, seis mutilaciones, tres violaciones, un enterrado vivo, un caso de locura y uno de canibalismo. Un promedio de 5,2 atrocidades por acto, o 1 cada 97 versos, motivo por el cual parece que los especialistas se preguntan si realmente se trata de una tragedia o es una parodia. Es esta ambigüedad la que da pie a Demaría para ejercitarse en un registro al que tiene cierta propensión: el disparate. Así, SANGRE, SUDOR Y SILICONAS se muestra exuberante y llena de contrastes, pero también padece de una deliberada incongruencia que la acerca al “delirio”. Claro que por debajo de tan frondoso y sanguinolento follaje hay –no podría ser de otro modo tratándose del autor- una propuesta ideológica que no por hilarante deja de ser certera: la vieja (y repetida) historia de dominadores y oprimidos cambia un poco de tez y profesión, y se zambulle en un desenfrenado cambalache, pero, a la postre, deja en evidencia que, aún cuando las técnicas cambien, el meollo sigue siendo el mismo.

El botox y el bisturí reemplazan la imponente gesta que imaginó Shakespeare para su Tito Andrónico, ese victorioso general romano que regresa vencedor de las guerras germanas, con Tamora como esclava. Y así como será ella quien luego utilizará sus embrujos para desposar al emperador y así vengarse del general y su familia, en la versión local es una princesa inca quien, boleadora en mano, planeará casarse con el dueño de la clínica para cobrarse lo que han hecho con su pueblo: la operación en masa para obtener el secreto de la longevidad.

Foto: Chapeau Argentina Producciones

Foto: Chapeau Argentina Producciones

Si se tiene ánimo rupturista, se puede llegar a disfrutar de la obra, a pesar de las imágenes especialmente crueles que desarrolla, y la falta de coherencia general más allá del planteo de base mencionado. En especial, de los números musicales que, por contraste, son de gran belleza y con cierto candor que se levanta por encima de la tierra devastada del sinsentido.

Demasiado extensa la primera escena con las boleadoras, pero ante tanto despliegue es casi un respiro.

FUNCIONES:  MARTES 21 HORAS, HASTA TRILCE, MAZA 177- CABA

FICHA TÉCNICA

Autoría: Gonzalo Demaría, inspirada en Tito Andrónico, de William Shakespeare

Dirección: Gonzalo Demaría

Música original: Gerardo Gardelín

Coreografía: Alejandro Ibarra

Diseño de escenografía: Gonzalo Córdova

Diseño de vestuario: Sofía Di Nunzio

Diseño de luces: Gonzalo Córdova

Diseño de maquillaje: Florencia Ortells

Efectos especiales: Seres FX

Fotos: Claudio Larrea

Diseño gráfico: Lucila Gejtman

Elenco: Fanny Bianco, Daniel Campomenosi, Fabián Minelli, Marcos Montes, Adriana Pegueroles y Gastón Vietto.

 

 

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