TEATRO: FRANCISCUS, UNA RAZÓN PARA VIVIR

Si uno llegara desprevenido a ver esta obra sobre la vida de San Francisco de Asís, sin saber quién la concibió o la puso en escena, bastaría con presenciar unos minutos el espectáculo para saber que Flavio Mendoza está a cargo de la dirección y producción general. Aún cuando sorprenda su incursión, la primera, en el teatro de texto, es imposible no notar su estilo en la manera de concebir el devenir escénico. La escena desbordante, el uso de pantallas, la presencia de agua en la escenografía, los acróbatas, la exuberancia de recursos para estimular los sentidos llevada a un extremo que, por momentos, resulta abrumador, todos son elementos ya probados en espectáculos como Stravaganza, estados del tiempo [1]. Aquí, al servicio de una historia de índole espiritual, resultan un tanto paradójicos: no se me ocurre nada menos “franciscano” que una puesta cuya ficha técnica ocupa dos carillas del lujoso programa.

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El texto dramático de Alejandro G Rommers – un autor que ya ha abordado temas espirituales (o existenciales) en libros como El regreso del joven príncipe o poemarios- se pierde un poco en la parafernalia visual, aún así se muestra ambicioso en cuanto a la vida del Santo se refiere: sin pretender abarcarla toda, da cuenta en forma bastante minuciosa de numerosos episodios, de tal manera que es posible ir siguiendo su evolución. Tampoco descarta ciertos procedimientos estéticos que complejizan la trama al hacerla transcurrir en dos líneas temporales paralelas: una en la época actual, donde una madre al cuidado de su hijo enfermo lee la vida del Santo; otra entre finales del siglo XII y principios del XIII, período que media entre en nacimiento de Francisco y su muerte.

La puesta de Flavio Mendoza, a pesar de sus excesos, logra momentos de gran belleza, en especial sobre el final. No son –a mi entender- los más deslumbrantes (como algunos de aquellos en los que las paredes se transforman gracias a las proyecciones), ni los más “monumentales” (como los de la batalla o la entrevista papal), sino aquellos en que con recursos más austeros logra igual efecto: la escena de la cárcel, su muerte, pasajes románticos con Florencia Otero, quien, además de una excelente cantante, es una muy buena actriz. Por lo demás, la figura del Santo, a cargo de Federico Salles, se desdibuja un poco en su interpretación, siempre en una postura laxa, desplazándose casi a los saltos por el escenario, sin ese porte que uno imagina en un santo,  apariencia que llevó a comentar a mi acompañante irreflexivamente “parece que desde que eligió la humildad y la pobreza estuviera  enfermo” (sic).

Franciscus, una razón para vivir es una obra que apuesta al gran despliegue visual y sonoro para narrar una historia apasionante. Cuenta para ello con muy buenos cantantes e infinidad de recursos escenográficos, de vestuario, lumínicos (excelente trabajo de Ariel del Mastro), técnicos y de maquillaje. Es natural que se hiciera merecedora al ACE 2016 en el rubro Producción.

FUNCIONES: de miércoles a sábados a las 21 hs, domingo a las 20 hs. Teatro Broadway- Corrientes 1115, CABA

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