TEATRO: GÁNGSTER

Sin el humor ácido y la profundidad reflexiva de El secuestro de Isabelita (2010) o el brillo de la comedia negra de Maté a un tipo (2007) (*), esta nueva obra de Daniel Dalmaroni, aunque con su sello, se muestra un tanto vacua: le falta consistencia, una fábula cuya densidad le permita trascender la anécdota, por otra parte, bien llevada.

 

Como en un sketch –en este caso, extendido a sus máximas posibilidades-, la trama de Gángster es factible de ser descripta en su totalidad en un solo y detallado párrafo: En 1963, en plena guerra fría, en una familia de clase media acomodada del barrio porteño de Barracas, una mujer descubre, luego de 20 años de casada, que su marido es un matón a sueldo de un famoso mafioso de la ciudad. La sorpresa inicial se trasforma en perplejidad cuando ella misma reconoce …”. (omitimos el final de la frase de la gacetilla de prensa, por ser demasiado obvia).

La obra cuenta con muy sólidas actuaciones, y una escenografía y ambientación excelentes. El ritmo, adecuado a la comedia, permite que las situaciones se desarrollen con  el tempus necesario para que la comicidad impacte debidamente en el espectador. Dalmaroni explota el humor que surge de la paradoja de lo inusual (también ilegal e inmoral: ser mafioso, ganarse la vida matando gente) convertido en algo cotidiano, explorando su lado más ridículo. Aunque este es el principal recurso estructural, lo que motoriza verdaderamente la acción es el descubrimiento de coincidencias e identidades ocultas. De todas maneras, el planteo no se presta –y quizás ésta ha sido la intención del autor- a demasiadas reflexiones, siendo Gángster, sobre todo, una comedia liviana, pasatista, con un guiño al género policial de los años ’60.

 

FUNCIONES sábados  a las 22 horas – Teatro del Pueblo Av. Pres. Roque Sáenz Peña 943, CABA

 

FICHA TÉCNICA

Autor: Daniel Dalmaroni

Dirección: Sebastián Bauzá

Escenografía: Marcelo Salvioli

Vestuario: Cecilia Carini

Elenco: Karina Roldán, Leo Prestia, Agustín Frágola y Mariano Bicain.

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