TEATRO: I.D.I.O.T.A.

POR QUIÉN TOCAN LAS CAMPANAS…

Aunque el tema no es nuevo –una persona, o varias, que se someten a una prueba psicológica de virulencia creciente, con el objeto de lograr aquello que necesitan desesperadamente, ya sea dinero o un puesto laboral- y esta obra, en especial, recuerde a El método Grönholm (Jordi Galceran, 2003), no puede decirse que I.D.I.O.T.A. se agote en las comparaciones: hay algo novedoso en el modo en el que el juego se propone al espectador, lo que, suponemos, provoca una respuesta distinta, no solo a la que pudieron haber tenido la mayoría de las obras de teatro y películas que abordaron la temática, sino, probablemente, a la misma pieza recepcionada en otras latitudes.

Escrita por Jordi Casanovas y adaptada por Daniel Veronese, quien también la dirigió, I.D.I.O.T.A. tiene con respecto al texto fuente catalán algunos cambios en el lenguaje y los personajes que permiten acercarla a nuestra propia cotidianidad. En particular, el hecho de trastocar el hombre aparentemente con pocas luces, que va a convertirse en sujeto de un exhaustivo experimento, de dueño de un bar de karaoke a taxista que lucha día a día por llevar un peso a casa aparece como un recurso acertado por su contundencia y economía, ya que su figura ha sido utilizada recurrentemente como uno de los prototipos del porteño medio, trabajador pero por momentos demasiado “canchero” ante los demás; alguien que parece sabérselas todas aunque, en definitiva, no tenga demasiada preparación (tal el estereotipo, no la realidad, que es infinitamente más variada y muy a menudo distante de estas caracterizaciones) Sin embargo, lo que debería funcionar como factor de identificación y acercamiento no termina de actuar como tal debido a mecanismos propios del texto dramático que hacen que el público se vea incitado a resolver los enigmas que se le proponen al protagonista -como parte de la  cada vez más perversa prueba psicológica a la que debe someterse- al mismo tiempo que él. El desafío intelectual así planteado lleva al espectador más que a ponerse en la piel del atribulado conejillo de Indias a competir con él, a tomar distancia, condenándolo, además, como “idiota” por las razones más obvias –razones que el final de la pieza quizás se hallen desmentidas-. Tal, al menos, la reacción de la mayor parte del público en la función presenciada, durante buena parte de la obra, una obra que, más allá de eso, tiene buenos momentos hilarantes.

Por lo demás, se trata de una comedia dramática que nos tendría que tocar de cerca, no solo porque allí hay un hombre sufriendo el acoso psicológico más extremo ante nuestras narices, sino por el cariz político que, cada vez más claramente, va tomando la pieza, con un mensaje fácilmente decodificable para el espectador de cualquier latitud (clarísimo sobre el final en la puesta de Veronese). Sin embargo, pese a la confluencia de muy buenos recursos, entre los que se cuentan los dos actores protagonistas, Luis Machín y María José Gabin, tal efecto no termina de producirse por ser su planteo de base demasiado teórico, aséptico diría, lo que hace que el espectáculo, a la postre, no llegue a ser ni tan oscuro ni tan inquietante como su autor imaginó.

FUNCIONES.: Miércoles a domingo 20.30 horas. Teatro el Picadero  Pasaje Santos Discépolo 1857, CABA.

FICHA TÉCNICA

Autor: Jordi Casanovas

Adaptación y dirección: Daniel Veronese

diseño de escenografía: Jorge Ferrari

Diseño de luces: Marcelo Cuervo

Diseño de video: Maxi Vecco

Diseño de vestuario: Daniela Dearti

Elenco: Luis Machín y María José Gabin.

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