TEATRO: REPORTAJE A AGUSTÍN LEÓN PRUZZO

EL AUTOR Y DIRECTOR HABLA DE SU OBRA EN LA SOMBRA DE LA CÚPULA, ESPECTÁCULO HOMENAJE A ROBERTO ARLT QUE SE REALIZA EN ESTUDIOS CARACOL, EN EL EDIFICIO BENCICH DE ROQUE S. PEÑA 615

EEC: Los Estudios Caracol, con su terraza, su cúpula y sus distintas habitaciones, es un espacio sumamente atípico para una obra de teatro y, a la vez, muy contundente dentro del espectáculo, sobre todo en la primera parte, en la que Roberto Arlt hace su presentación.

¿Qué estuvo primero, el espacio o la obra? Es decir, ¿vos escribís especialmente para ese lugar?

AP: Sí, yo vengo escribiendo especialmente para Estudios  Caracol. Además de esta obra, ya estrené otras pensadas, también, para el mismo espacio. En el caso de En la sombra de la cúpula, lo primero que me motivó es enterarme que ahí enfrente nació Roberto Arlt. Yo ya estaba trabajando ahí con una versión de los cuentos de Silvina Ocampo, y trabajando allí me llegó esa información. Como estábamos buscando un espectáculo nuevo, encontramos que ese dato real podía ser el disparador: la imagen de Arlt mirando su casa natal.

 

EEC: El espectáculo basado en los cuentos de Silvina Ocampo –No inventes lo que no quieres que exista– ¿estaba tan anclado en el lugar como este?

AP : Sí, pero por otros motivos. No tenía el anclaje histórico con el lugar que tiene En la sombra…, pero había muchos más ambientes intervenidos. El concepto de base era distinto, de unidades. Eran cinco cuentos y la intervención de cada espacio era mayor que en este, con un concepto de instalación 360° en el que no había frente: el espectador se sumergía totalmente. El espectáculo era un poco más performático, no desde la interacción, pero sí desde lo que pasaba con el espacio y con la distribución del público. La misma actriz se iba  desplazando de un ambiente a otro y se desdoblaba en cinco personajes distintos. Es decir, tampoco era un espectáculo que hubiera tenido igual valor en un escenario convencional o en otro lugar. También estaba muy anclado.

 

EEC: En el inicio de En la sombra de la cúpula, cuando Arlt recibe a los espectadores en la terraza, hay una especie de “visita guiada” nocturna a través de los techos de los edificios cercanos. ¿Cómo te planteaste ese tramo del espectáculo?

AP: No fue así como surgió; no fue pensado como una “visita guiada”, aunque entiendo que, después, para mucha gente haya sido así. A pesar de que hoy día se recuerda a Arlt  mucho más por ser un novelista o, quizás, un padre del policial, sin embargo, su vida diaria estuvo signada por la crónica de la ciudad y por revelar sus secretos con sus Aguafuertes Porteñas. Básicamente lo que él hacía era retratar personajes, situaciones y lugares de Buenos Aires. Entonces, lo que Roberto Arlt hace al comienzo del espectáculo en la terraza es un poco lo que él en realidad hacía: hablar de la ciudad. Por lo demás, su manera de verla, de hablar de ella, es una manera que no incluye aquellos datos que podrían incluirse en una visita guiada. Lo que quiero decir es que no es algo forzado, es algo inherente al personaje referirse a la ciudad, al porteño, porque abunda en su obra; no tiene tanto que ver con el espacio en el que se realiza el espectáculo. Además, en especial esas esquinas que lindan con el edificio donde se encuentra Estudios Caracol, tienen mucha relación con su vida, ya que, si bien él está muy referido a Flores, porque ahí vivió su niñez y su adolescencia, estaba todo el tiempo en el Tortoni, en el edificio de La Prensa, en todos esos puntos que se ven desde la terraza. Por lo demás, todo esto que él dice es, también, una introducción a la circunstancia dada de la ficción que va a tener lugar después. Tiene que ver con la temática del inmigrante que se sueña rico, temática que se relaciona mucho con su vida. Él era hijo de inmigrantes y toda su biografía está atravesada por el deseo de la riqueza y la inestabilidad económica, y esto es lo que, después aparece en la obra.

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EEC: ¿Por qué elegiste Trescientos Millones?

AP: El espectáculo tiene mucho, también, de El fabricante de fantasmas y del imaginario de Arlt, en general, pero elegí Trescientos millones porque en esa obra prima, sobre todo en el primer acto, el sueño, lo onírico, y me parece que el  espacio -por su singularidad, por sus ventanas, por esa especie de “ruina posmoderna” que es (en el sentido de que estuvo cerrado por 30 años)- se presta para este juego de fantasmas. La obra permite un cruce muy productivo entre lo fantasmagórico del edificio -en el que se dice que, por el hecho de haber estado cerrado tanto tiempo, habitan fantasmas- y los fantasmas que apareen en la obra. Yo prefiero, cuando se trata de un espacio no convencional, buscar los potenciales dados a mirarlo como un espacio vacío sobre el cual imponer un sentido nuevo. Pensé que en esos ambientes el sueño estaba habilitado.

 

 

EEC: Si bien hay elementos de otras obras y del imaginario altriano en general, la obra sigue la estructura de  Trescientos millones, aunque en un registro más paródico que el original, que ya se considera como paródico del folletín.

AP: Yo, en mi proceso de generación del texto, no lo tomé como una parodia. Depende mucho, para mí, de la recepción, del público. El espectáculo tira enseguida como dos hilos: por un lado, los fantasmas, y, por otro lado, Sofía, la sirvienta, y están trabajados con dos conceptos que yo yuxtapongo pero que trabajo distinto, porque a Sofía le pido un registro de mucha mayor verdad, un registro mucho más cinematográfico –de hecho, convoco a una actriz que tiene experiencia en cine y en audiovisual- y a ella le pido que, salvo en algunas leves licencias, atraviese todo pequeño y verdadero, y a los otros tres los pongo en un registro mucho más arriba, quizás paródico en alguna forma de entenderlo, pero que yo relaciono con el folletín y el posterior comic. Hay planteada una dualidad desde el inicio y depende de cada función que el público se vuelque más a la veta cómica o a la melodramática. Hay una ambigüedad que es deliberada, el público no entiende cómo debe reaccionar, y eso es lo que busco. Lo mismo sucede en la obra de Alfonsina, Un mar oculto. En general, las obras hacen un pacto con el espectador relativamente pronto acerca de cómo se tiene que recibir aquello que sucede en escena, si están viendo un drama, una comedia, una comedia romántica o un drama costumbrista. A mí me gusta traicionar ese pacto. Las escenas de mis obras tienen cierta impunidad que les permite instalarse en un lugar nuevo, que a lo mejor no era hacia donde iba caminando el espectáculo.

 

EEC: ¿Qué es aquello que te llama la atención de un texto para usarlo como fuente de inspiración?

AP: Elijo autores reconocidos y, a partir de allí, escribo lo que me parece, con absoluta libertad. Me fijo, sobre todo, que el texto original pueda volver a interpelar y a alumbrar campos de sentido que me interesen. Lo pienso como disparador para instalar una temática que me entusiasme como director, y no en función de si yo puedo servirle al texto para aggiornarlo.

 

EEC: La gran virtud de En la sombra de la cúpula es que es un espectáculo para todo público, y con esto no quiero decir solamente que es un espectáculo para toda la familia [de hecho, cuando yo fui había varios chicos], sino que es un tipo de espectáculo que puede disfrutar aún el público menos teatrero, el que no está acostumbrado a ver teatro.

AP: Sí, es muy entretenido. Arlt decía que lo único que puede exigirle el lector al autor es que no lo aburra, y él es muy crítico de cuando los autores se ponen demasiado “elevados”, o rebuscados, a un punto que por más genialidad que tengan, quizás, hay algo de la línea del entretenimiento que se pierde. Él pone mucho en valor la acción y la diversión. Entonces, en este espectáculo en particular, mucho más que en otros espectáculos míos, quise estar muy atento a que sea entretenido. Y la gente que no es teatrera lo valora muchísimo. Realmente hace cuatro años que lo hacemos y hemos tenido muchos reconocimientos.

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EEC: ¿Las funciones de la obra continuarán en el verano?

AP: No, en verano hacemos un espectáculo íntegro al aire libre, utilizando toda la terraza. Es una propuesta más mucho “grande” en el sentido de que es para más personas e intervienen más actores. Los actores son los mismos, a los que me sumo yo, con lo cual tampoco podríamos hacer los dos espectáculos en simultáneo. El de verano se llama Shakespeare en la terraza y está basado en cuatro obras Shakespeare –Otelo, Romeo y Julieta, Hamlet y Macbeth-, abreviadas y versionadas, pero mucho más cercanas al original de lo que es En la sombra de la cúpula. La trama gira en torno a una función que un grupo de actores medievales trashumantes celebra para una reina, para entretenerla. Los actores tienen una serie de rutinas preparadas y trabajan con una especie de Rueda de la Fortuna. Según qué sale en la rueda es cómo evoluciona la representación. Cada función es distinta. Por supuesto, tenemos mucho más material del que se muestra cada vez.

 

SHAKESPEARE EN LA TERRAZA. FUNCIONES: domingos a las 18.30HS y  21hs a partir del 20 de enero (6 ÚNICAS SEMANAS) en ESTUDIOS CARACOL (ubicado en una de las cúpulas del Edificio Bencich) Roque Saénz Peña 615 – CABA

 

en la sombra agustÍnEN LA SOMBRA DE LA CÚPULA (FRAGMENTO)

Maldición de la gitana

Que te habite el infierno.
Que la lluvia te esquive
y tu sed sea eterna.
Que la luz no te toque.
Que volviéndote ciega
la imaginación se te niegue.
Que dependas de otro
pa cualquier movimiento
y que todo tu cuerpo
tenga un amo impiadoso
que decida por vos.
Que las lágrimas se encaprichen
dentro de tus ojos
y aunque el dolor te acongoje
no quieran caer.
Pero, más que todo,
que el corazón se te ensanche,
que lo sientas crecer en tu pecho, y aunque nadie te ame
tu tengas que amar.