TEATRO: ¿QUÉ HACEMOS CON WALTER?

NI MUY MUY NI TAN TAN

Escrita y dirigida por Campanella (en co-autoría con Emanuel Diez), ¿Qué hacemos con Walter? no dista mucho, en sus principales mecanismos, de las comedias que usualmente presenta la cartelera más comercial de Buenos Aires: una mezcla más o menos fluida de chistes verbales con algunos gags para el efecto cómico, cierta cuota de emotividad para no dejar descuidado el costado sentimental; todo accesible sin dificultad, con la liviandad que el género permite y la llaneza a la que se presta un grupo de personajes en su mayoría estereotipados. En este caso, la excusa para la mixtura es la reunión de un puñado de copropietarios de un edificio de lujo para decidir qué se hace con el portero, un hombre mayor, aparentemente, ya sin demasiadas fuerzas o ganas para el trabajo. El motivo permite la reunión en el amplio hall de un grupo de personajes decididamente monolíticos y fácilmente reconocibles; allí cruzarán opiniones la protestona, el buenazo, el portero a punto de jubilarse, la mujer pendiente de su ex, la anciana en silla de ruedas que no termina de entender nada (pero igual es prejuiciosa) y el joven universitario, militante de una izquierda igualmente estereotipada, al que el autor construye como un típico “nene de mamá”, millonario, al que, sin embargo, coloca del lado correcto cuando las papas queman. A ellos se suman el inescrupuloso administrador del edificio que los deberá guiar para llegar a una solución apropiada a sus problemas y la hermana del portero, llegada desde el interior para pasar unos días (interpretada por Fabio Aste, quien también da vida al encargado). Personajes sencillos, sin aristas, que no sufren apenas transformación a lo largo de la pieza y son más bien la excusa para determinadas situaciones y parlamentos.  Entre todos ellos está bien claro con quien se identifica el dramaturgo -y, a través de él, baja línea-, pero aun así no lo hace tan explícitamente como la férrea posición política de Campanella podría hacerlo suponer. Hay una apelación final a cierta unión que no puede interpretarse sin reparos como un llamado a trascender la grieta, sino más bien a un voluntarioso (y nostálgico) consenso que podría condensarse en un “hagámoslo todos juntos”, consigna que dada la ligereza y superficialidad con la que todo viene sucediéndose, pierde contundencia.

En cuanto al humor, este surge, fundamentalmente, del intercambio verbal, con una comicidad llana, surgida en la rispidez de las réplicas, y un toque de slapstick que, como recurso, es el que se lleva todas las palmas (la escena más graciosa de toda la obra es, sin duda, la del grupo tratando de cargar “algo” en el ascensor). La emotividad, por su parte, está focalizada en el personaje de Carlos Belloso, al que los autores le dedican una impactante escena final, claramente simbólica.

Con una medianía que no le permite ser ni demasiado cómica, ni decididamente sentimental o plasmar un enfrentamiento que vaya más a fondo en motivaciones políticas o morales, ¿Qué hacemos con Walter? deja la sensación de poco… o demasiado insípido.

FUNCIONES: MIÉRCOLES, JUEVES Y VIERNES 20.30 Hs, SÁBADOS 20 Y 22.30 Hs, DOMINGOS 20 Hs  – TEATRO MULTITEATRO COMAFI – CORRIENTES 1283 -CABA

FICHA TÉCNICA

Autoría: Juan José Campanella y Emanuel Diez

Dirección: Juan José Campanella

Diseño de escenografía y vestuario: Cecilia Monti

Producción general: Muriel Cabeza

Diseño de luces: Elki Sirlin

Producción ejecutiva: Amelia Ferrari

Elenco: Carlos Belloso, Campi, Karina K, Victoria Almeida, Fabio Aste, Federico Ottone y Araceli Dvoskin