TEATRO: SHÖÑE

EL TEATRO QUE AÑORÁBAMOS

El proyecto que reúne al dramaturgo Jorge Diez, Ana Padilla y la gente del Tadrón Teatro nació en esa etapa de la pandemia en la que todavía no era posible asistir a ningún espectáculo en salas y la escena independiente debía agudizar la imaginación para presentar alguna obra que reuniera, del modo más parecido al habitual, a actores y público; de ser factible, sin dar la espalda a esos espacios alternativos que, sin ese nuevo (aunque pálido) impulso, estaban destinados a desaparecer. Se necesitaba ese contacto que no puede dar la pantalla y es esencial a la escena, y así nació SHÖÑE, con la interpretación de Ana Padilla desde la vidriera del conocido espacio de Niceto Vega y Armenia, con los espectadores en la vereda. Una solución ingeniosa que sigue siendo efectiva porque permite no solo presenciar la función, tan cerca del escenario como en la pequeña sala interior, sino compartir con la actriz, una vez terminada y ahora que está permitido, un saludo sin vidrio de por medio (guardando los protocolos, claro).

SHÖÑE es un unipersonal, aunque, parafraseando a Nerina Dip[i], podemos decir que la intérprete nunca “está sola en escena”, siempre son dos, fácilmente distinguibles por los movimientos y la tonalidad de la voz, aunque no haya nada exagerado en la composición de ambas: si algo sorprende en la actuación de Padilla es la ductilidad y sutileza de los cambios entre dos personalidades que no son más que dos voces de una misma persona, que se habla a sí misma. Y habla de cosas que quizás son triviales y de otras que no tanto. El texto de Diez oscila, brindando, por momentos, espacios para la risa o la reflexión; tiene altibajos, pero no se sienten porque la protagonista llena la escena, la sostiene, la engrandece ayudada por una puesta que aprovecha muy bien las limitaciones del lugar. De todas formas, se trata de un espectáculo muy breve, dura solo veinticinco minutos.

El Tadrón Teatro propone un espacio al aire libre y todos los cuidados que la pandemia requiere: lista de asistentes, alcohol en gel, uso indiscutido del barbijo, distancia social, la comodidad de las butacas en plena vereda. Para la actriz, tal vez, sea difícil hacer caso omiso a todos los estímulos que provienen de la calle (seguramente lo es), pero para el público no tanto, tan captado está por lo que sucede tras la vidriera, tan claras le llegan las palabras gracias a los equipos de sonido con los decibeles justos.

Esperando que empiece el espectáculo. Telón cerrado y gente llegando a ocupar su butaca

SHÖÑE es a la gorra. Cada uno pone lo que quiere/puede en un recipiente que está al costado. Nadie presta atención a eso, nadie te presiona, lo importante es que estés allí y compartas ese milagro que, pese a todo, propone el teatro. Eso sí, si vas –y, desde ya, te lo recomendamos-, recordá que tu aporte es lo que lo mantiene vivo. Hay toda una comunidad ligada a él que depende de que la maquinaria funcione para seguir en pie.

FUNCIONES: Domingos 20.30 horas en Tadrón Teatro – Niceto Vega y Armenia – CABA- Reserva de localidades por Alternativa.

[i] Su libro sobre el unipersonal se llama, precisamente, Solo en escena.