TEATRO: EL MONTAPLATOS, DE HAROLD PINTER

“La comunicación es algo demasiado alarmante. Entrar en la vida de otro es demasiado aterrador. Desenmascarar ante los otros la pobreza que nos habita por dentro es una posibilidad demasiado temible.» Harold Pinter 

 

No es la primera vez que la compañía “De Carencia Virtú” [i] pone en escena una obra de Harold Pinter (1930-2008). Ya probó suerte con éxito en 2012 con Sketches de Revista, una pieza que pertenece, como El montaplatos, a sus primeros años como dramaturgo. El desafío, entonces, no es nuevo, pero, no por eso, de menor envergadura, ya que Pinter no es un autor fácil de llevar al escenario. Sus climas amenazantes, sus diálogos aparentemente triviales, la opción por un realismo que en ocasiones, sin embargo, se acerca demasiado al absurdo, exigen un registro y un ritmo adecuados para que la recepción llegue a buen puerto. Ante sus obras, no es casual ni extraño que el espectador se pregunte qué pasa en definitiva en escena; de dónde proviene esa violencia solapada detrás de las conversaciones más intrascendentes y la sensación de fracaso que acompaña todo su devenir. Es esa, precisamente, la intención del autor: dejar ciertas preguntas flotando, mientras uno se abandona al fluir del mundo – el mundillo, en realidad, dadas sus dimensiones- que nos propone espiar, con una mirada áspera, aunque no exenta de humor.

EL MONTAPLATOS

BEN GUS son dos asesinas a sueldo, encerradas en la habitación de un sótano a la espera de las órdenes de la organización para la que trabajan. De repente, comienzan a recibir absurdos encargos de comidas a través de un montacargas, llegando a la conclusión de que se encuentran en el lugar donde antes había una cocina. Ellas intentan hacer que los pedidos dejen de llegar, ya que, obviamente, no pueden satisfacerlos, pero el mecanismo o la voluntad que los pone en marcha parece imposible de detener. Finalmente, la orden que esperan, llega.

Sutil reflexión sobre la violencia cotidiana y los resortes del poder, El montaplatos pone en escena una autoridad invisible y deshumanizada que exige obediencia ciega y, al menos, dos actitudes para encararla. Claudia Mac Auliffe y Sonia Novello, versión femenina de los tradicionales personajes, le ponen a sus Ben y Gus su toque personal y mucha destreza. 

Con ciertas semejanzas con Esperando a Godot, de Samuel Beckett, El Montaplatos, no tiene sin embargo, su hondura filosófica; quizás, precisamente por esa misma razón, el espectador halle sus planteos más conclusivos.

FUNCIONES: AGOSTO DOMINGOS 19 HORAS – TEATRO EL EXTRANJERO -VALENTÍN GÓMEZ 3378 -CABA

FUNCIONES PRESENCIALES – TEATRO CON PROTOCOLO COVID 

el montaplatos 2

 Claudia Mac Auliffe y Sonia Novello, en las preliminares de la función

 

[i]  La compañía está conformada por Alejandro Vizzotti – dirección-, Claudia Mac Auliffe y Sonia Novello- actuación- y Marco Ricobbene – asistencia artística.